Diario de León

HOJAS DE CHOPO

Lo importante es conservar

Publicado por
aLFONSO GARCÍA
León

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E s fácil testificar la progresiva sensibilidad social en torno a los ejes que conforman nuestro día a día. Otra cosa es el grado de compromiso, con frecuencia desvanecido en conversaciones de tasca y vino. O de salón. En este contexto de intereses no pasan desapercibidas las noticias sobre el Patrimonio, con abundante presencia en los Medios. La semana pasada, por ejemplo, la Junta de Castilla y León anunciaba una partida de 150 millones para sostener el Patrimonio histórico entre los años 2015 y 2020. A pesar de que esta Comunidad es una de las que más invierte en este sentido, no es menos cierto también que tiene uno de los patrimonios peor conservados y con mayor número de monumentos en peligro, como certifica la Lista Roja de Hispania Nostra. En esa lista negativa León ostenta el desgraciado privilegio de ocupar el número uno del panorama nacional (¿Quién dijo lo de “vamos de culo y sin frenos”?). El posible atenuante radicaría, tanto a nivel provincial como comunitario, en la abundancia y riqueza patrimonial. Pero no es suficiente, y la cantidad destinada a tal fin se convierte por ello en más que insuficiente y raquítica.

Me he referido, en otras ocasiones, y en el caso de León, a la notable labor realizada por la Diputación desde hace décadas. Las circunstancias a las que luego me refiero exigen, más que nunca, criterios estrictamente técnicos y profesionales a la hora de las intervenciones. Nunca políticos, para favorecer algunos perfiles en determinadas zonas o pueblos, repartiendo las obras siguiendo a veces la presencia porcentual de la representación de siglas. O evitando errores de bulto, caso de actuaciones en Casas Rectorales, algunas de las cuales, después de arregladitas, fueron vendidas o alquiladas por la Iglesia, en no pocos casos al menos con dudosa legitimidad en cuanto al titular de la propiedad. Pero esa es otra historia, que a buen seguro tendrá un notable recorrido jurídico.

A los problemas de titularidad y la inveterada falta de fondos se suman otros –es el caso de la permanente desaparición de comunidades religiosas- que sustentan la realidad de las razones que explican el estado de nuestro patrimonio. Por eso ahora más que nunca se impone reflexionar seriamente sobre el asunto. Con calma y con criterio, sabiendo de donde se parte y a donde se quiere llegar. Hasta que la crisis adelgace –y en algunos casos más allá- hay que poner el acento, más que en la restauración en la conservación. Al concepto de restaurar sin contenido, inevitable fórmula de decadencia, no estaría de más contraponer el anglosajón del cuidado activo de las ruinas. Eso sí, teniendo en cuenta que una de las razones de futuro de esta Comunidad es el Patrimonio artístico y natural. Se estima que los beneficios de correctas intervenciones pueden, además, llegar a duplicar o triplicar la inversión.

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