CORNADA DE LOBO
Estación Término
T odavía no ha explicado nadie por qué el meter tranvía en las ciudades era un empeño de los socialistas... ahí está la terquedad de aquellos sociatas leonesistas que timoneaba con delirio tranviario Paco Poco... ahí está la promesa de Soraya Rodríguez de meterlo en Pucela cuando le disputaba la alcaldía a León de la Riva (¡alza el rabo, León!)... ahí está el tranvía de la inmensa deuda que instaló Tomás Gómez en Parla para acabar en pura ruina... ahí está el tranviazo de Zaragoza que Belloch auspició hipotecando a esa ciudad hasta dentro de cuarenta años... ahí está, ahí está la Puerta de Alcalá, que es tan ancha de ojos y tragaderas, que por ella caben los carros y carretas que entran en Madrid cada día llenos de vigas para aquellos que ven pajas en el ojo ajeno.
¿Por qué eran los proyectos tranviarios tan socialistas?... y ya de paso, ¿por qué en las ciudades del PP se le otorgó licencia a los franceses de Decaux para poner en todas ellas el mismo mobiliario urbano de chirimbolos, marquesinas, quioscos parisinos y banderitas con publicidad, negociete que les cedimos por ¡cincuenta años!?... y ya puestos, ¿es cierto que la empresa que controla las «itv» de Castilla y León es australiana y que en toda la comunidad se factura un millón de euros al día... o se trata sólo de una leyenda urbana con la que me han intoxicado?...
León necesitaba tranvía... ¡¡¿?!!... ¿para ser más que Santas Martas, que sólo tiene tren?... por justificar su obsesión tranviaria los socialistas ponían de ejemplo a Vitoria y Bilbao, pero sin decirnos que aquella es otra sociedad civil y que si allí rulan menos mal es porque el vasco hace piña con lo suyo y sus gobiernos no parecen tan infectados de garduñas porque se vigilan mucho entre políticos, cosa que contiene el camanduleo, el presupuesto inflado, la mordida, lo innecesario.
Si no te gusta León, ahí tienes la estación , dice la soberbia guzmana con la que hacemos la gracia los de la capital ante esa estatua... sin embargo, Guzmán no le dice esto al forastero antipático, sino a sus propios hijos, a los que manda a una emigración que empieza en esa estación convertida hoy, además, en Estación Término ... vía muerta.