Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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E stoy leyendo Entrevistas literarias , un libro en el que el prologuista define de «energuménico» el estilo del autor, el periodista y poeta Alfonso Camín (1890-1982). Posiblemente, si llega a estar vivo le reta a duelo. Energuménico viene de energúmeno. Justo es precisar que utiliza tal improperio al referirse a un texto en el que Camín lamenta —con cuco seudónimo— no haber sido incluido en la antología poética de Gerardo Diego. Ay, el ego, reluciente como botines blancos de piqué. De algunos autores se diría que tienen dos o más. También le reconoce méritos, pero como lector he retenido más sus juicios negativos, por ejemplo: «Ha escrito cientos de versos que gozan un merecido olvido o de un bien ganado desprestigio». Ante tanta sinceridad concluí con agradecimiento: «Uf, menos mal que la obra recupera sólo sus entrevistas, las publicadas en la segunda década del pasado siglo». La antología llegó a las librerías en 1988 y contó con una subvención del ministerio de Cultura, lo que quizá explica la franqueza del editor y prologuista, a quien sólo le faltó advertir: «Yo de usted compraría otro». Bromas aparte y pese a todo, he disfrutado mucho leyéndolo, tras descubrirlo en los fondos de nuestra Biblioteca Pública, ya casi mi segunda vivienda. España ha contado y cuenta con un excelente periodismo literario, impregnado de belleza que muere en el día, tras haber cumplido su cometido efímero. No hay que lamentarlo. Mejor así, no vaya a ser que años después un prologuista defina de «energuménico» tu prosa. Nada, nada, viva el olvido. Además, como en el cielo en ninguna parte. Por algo en los años veinte del pasado siglo, los periodistas para sobrevivir a los gajes del oficio debían aprender esgrima. Y si además eran poetas, entonces, también el noble arte del trabuco. La bohemia redaccional, siempre escasa de parné, se debía conformar con lanzar adjetivos. Lo importante era atinar.

Ayer terminé de escribir el prólogo a un poemario. Debo dejarlo reposar unos días, pues si es difícil valorar la obra ajena mucho más lo que tú has escrito. No obstante, creo que el poeta no tendrá que retarme a duelo. Ni el suyo es un estilo «energuménico», ni uno sabe escribir prólogos que muerden.

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