Diario de León
Álvaro Caballero
León

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S e acaban de subir al autobús, antes de que lean esto, otros 8 leoneses camino de censarse en otra parte; en total, van 2.780 en doce meses, de acuerdo a la última estadística de población del INE, que cualquier año nos sale negativa, como la de Hacienda. Vaya costumbre más fea que hemos cogido con la de oportunidades que hay en esta tierra, las alternativas de desarrollo económico ahorcadas por el hilo de los especuladores del telemárketing, las ayudas públicas que se aprueban sin discriminaciones por pertenecer a camarillas de empresarios y las inversiones que nos desbordan. Vamos, que tiene que ser por manía. No sabe uno ya si no se terminará por convertir este éxodo en una forma de ser de León, como la prueba con la que se accede a la edad adulta, aunque con la condena de no poder regresar antes de la jubilación, si hay suerte, y por el verano y fiestas de guardar. Un rasgo evolutivo que a quienes nos quedamos aquí nos convierte en una degradación de la raza, resistentes al descaste que aplica la Junta con sus programas contra la despoblación que cada vez vacían más pueblos, supervivientes del plan del oeste con el que Zapatero nos quiso convencer de que podríamos ser Marilyn montados en su orgia de promesas, irreductibles de la aldea ante el ataque del Gobierno a las juntas vecinales, tercos que se oponen a las medidas de la Diputación controlada por urbanitas, adaptados a las políticas grises de gestoría del Ayuntamiento de la capital.

Ahora, para ser leonés habrá que picar billete como antaño aquellos vaqueros del valle de Valdeón que hicieron fama y dinero en Arizona, Nuevas Zelanda o Australia, como los maragatos que colonizaron los tambos de la Pampa argentina, como los montañeses que cogieron el primer tren que pasaba por la estación y terminaron en Bilbao, en Barcelona o en Madrid. No se atisba mucho horizonte en una tierra en la que la edad media frisa los 48 años para convertirla en la cuarta provincia más envejecida del país, en la que uno de cada cuatro habitantes supera los 64 años, en la que por cada alumbramiento en el hospital se anotan dos vecinos nuevos en el corral de los quietos. Vamos a tener que introducirle un bordón nuevo al himno, justo detrás del segundo Viva León, en el que copiemos aquella sentencia de Lola Flores a la puerta de la iglesia en la boda de Lolita: Si me queréis, irsen.

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