LEÓN EN VERSO
Emociones
La vuelta de Marcos eleva los alicientes en el Palacio de los Guzmanes, hundidos a cotas ínfimas las últimas semanas, a la flojera del bostezo de quien ve llegar al Pleno a los diputados socialistas con dedicación exclusiva en el momento del Ite, Missa Est de Emilio Orejas. El regreso arruga las risas que creíamos inmortales, las risas de la indolencia que se han hecho famosas de tanto salir en las fotos, y frunce los ceños opusianos que conocemos por relatar al dictado los renglones derechos de dios; y concede un margen de incertidumbre a los pronósticos electorales sobre las posibilidades del Partido Popular de revalidar la mayoría absoluta en Cuadros. Por lo demás, los devotos de la actualidad acaban de asistir al fenómeno más extraordinario que faltaba por registrar en la política de esta provincia, por si no acumulaba ya suficientes vaivenes en el último año. Salió de la Diputación en un coche de la UCO como el detenido Martínez Barazón, que no dejó de ser putada para hilvanar titulares con arrestado y púnica, y volvió entre vítores como Marcos, que resulta tan personal como dirigirse al Pontífice por su nombre de pila. Dos entradas se le dieron, con notable variedad, el domingo entró con palmas y volvió el jueves a entrar... Marcos como Cristo, pero al revés, arrastrado por una condena entre los que pisaban como él la moqueta y liberado por el jurado popular, elevado por los vítores de la calle que ahora, seguro, se habrá arrepentido de haber abandonado. Descenso de la planta noble a las mazmorras de los no adscritos, que asume empujado por la determinación que contagia un desencanto mientras enseña las marcas del ataque a degüello, ultrajado, vejado y alejado de la presunción de inocencia. No había previsión para un desenlace similar, ni antecedentes entre todos los casos de escándalos judiciales que surten la política. El desencaje es tal que esperaban un óbito y asistieron a un cóctel.
El relato del desquite se avanzó en sorbos mesurados de desagravio y permite prescindir del capítulo del cruce de miradas, al que se le concedió una relevancia exagerada en esa narración que preparaba al lector para la vendetta. Es más sencillo, porque Marcos es sencillo. Tanto, que desde ahora su ideario de desengaño lo encabeza una mención de Malcolm X, cuando aconsejaba recelar de los medios para no terminar por amar al opresor y odiar al oprimido.