CORNADA DE LOBO
La esperanza
T rajimos a Dario Fo al Emperador en 1985 porque Santiago Trancón (delegado de Cultura en la Junta que presidía Demetrio Madrid) vio aquí afición y tradición suficiente para que la ciudad tuviera una Semana Internacional de Teatro que permitiera conocer grupos y artes escénicas de todo lugar... vinieron checos, brasileños, franceses, japoneses... o el italiano Dario Fo (no era especialmente conocido en España; aún faltaban doce años para su Nobel de Literatura)... si el teatro se llenaba en cada función de la Semana , aquel día se abarrotó... su actuación en escenario vacío absolutamente negro y vestido él entero de negro, fue luminosa... monólogo demoledor.
Emocionó su teatralidad y admiró el poderío de su voz, la palabra envolvente que eran sus propios textos, su persuasión... pero si había que reír, la risa del público rompía la pana y el telón haciéndose cachiporrazo en la cresta del poderoso, del tonto o del chulo.
Dario Fo va a cumplir 90 y ha hecho de todo, sabe de mucho y su compromiso con el pueblo común y la libertad mayúscula es ejemplar. No es extraño entonces que a estas alturas se meta también a novelista con un título que atrapa, La hija del Papa ... y lo hace de nuevo descolocando al que mira, pues en esta novela viene a restaurar (tras un buen tiempo documentándose) los honores y valías de la hija del terrible papa español Alejandro VI, Lucrecia Borgia, una mujer de talla y calidad, aunque acostumbre a presentarla la historia o la literatura como pérfida sibilina, exquisita puta hasta el incesto, intriganta contumaz o asesina de sutiles venenos y besos.
Gracias, don Dario.
Pero me aplanó oírle decir hace unos días: He perdido toda esperanza escuchando los discursos de nuestros gobernantes ... ¡recuerda tanto a lo que puso Dante en la puerta de su Infierno!: Lasciate ogni speranza voi ch’entrate (perded toda esperanza los que entráis)... los italianos llevan demasiados siglos trabajándose el sentimiento trágico de la vida... y seguro que es descendiente de italianos el autor de una pintada en Buenos Aires, la más demoledora que jamás vi: La esperanza es lo último que se perdió .