LEÓN EN VERSO
PAC en la tierra
Contra del mensaje que traslada la propaganda oficial, todo el dinero que llega al campo leonés y no sale de las entrañas de la tierra y del lomo del quien la trabaja, viene de las arcas de Bruselas, de contribuyentes remotos. Otra versión de los hechos es un gesto feo, grave, ladrón y descortés con los quinientos millones de europeos que acceden a la donación. No hay otro ente pagador que la Unión Europea; nadie más alienta con hechos el esfuerzo de los productores. Miente quien, en su condición de ente administrador, usa ese dinero en beneficio propio, con fines políticos y electorales, como munición de un arma que de otra forma no se cargaría con otros proyectiles que balas de fogueo. Lo rural, que dicen los cazadores de tendencias para darle un empaque de modernidad porque aún les ruboriza contar que escriben sobre agricultura u otra actividad de gente atrapada por el estereotipo de lo rudo y las manos agrietadas por la dureza, se ha convertido en recurso de charlatanes de cuello blanco, sueldo holgado y vida fácil que suben a los atriles a hablar de políticas estructurales sin saber qué pasa en los silos de maíz del Esla cuando aletea una mariposa en Chicago. O de dónde vienen los lechazos que engullen en Nochebuena creídos de que se alimentaron en la altiplanicie del Cea. Pintoresca imagen de las factorías de la realidad. La que se oculta sobre la condición de fraude a este paquete de ayudas públicas, que se cuestiona al conocer que tres quintas partes de beneficiarios de las subvenciones que salen de Bélgica acaban en cuentas corrientes de gentes que no son labriegas. Ni a título principal, ni secundario; el concepto no admite medias tintas. Dinero a jubilados, clases pasivas, herederos, trileros; o a los que compraron para especular, con información privilegiada que sólo existe en los despachos de la administración que se jacta de ser, al fin, quien paga las ayudas. En este arreón contra la podredumbre sería bueno incluir a burócratas que controlan y además son beneficiarios de las ayudas de la PAC. Para animar la purga, no estaría de más fiscalizar la actividad de organismos de dudosa naturaleza que se atreven a inmiscuirse en la propiedad privada. Y cobran por ello. Funcionan en un limbo. Visto el fango que los envuelve, ahora resulta que ningún procurador votó en Valladolid, antigua Fuensaldaña, a favor de su puesta en marcha. Los que van a acabar con la corrupción, dicen.