AQUÍ TE ESPERO
Mi carta
E s difícil, ya lo sé, por eso se lo pido a ellos; porque otros no podrían conseguirlo.
A mí los Reyes Magos siempre me han cautivado. Papá Noel es otra cosa y no existía ni en el cine que veía de pequeña. O no existía en tal abundancia, porque no se me habría olvidado. El viejo de barba blanca, que ha popularizado Broodway es importado. Ese Santa al que recurren con desparpajo en las películas yankis no es otro que el San Nicolás (Niclaus) europeo. Y ya se sabe como se distorsionan las palabras con su mal uso. De San Niclaus a Santa Claus sólo hay un paso. Así que si no ha sido capaz ni de mantener su nombre ¿cómo voy a creerme que surque el cielo en su trineo desde el Polo Norte? Además, él sólo ¿como puede llevar a cabo tan ardua tarea, teniendo en cuenta su barriga y las estrechas y poco abundantes chimeneas españolas?
No, a mí no me dan el cambiazo. Yo siempre seré de los Reyes Magos. Sus Majestades de Oriente me quedan más cerca. Son los primeros que hicieron algo por la integración racial (a buenas horas iban a triunfar en esa Norteamérica donde los estados sureños pesan tanto) y así abundan los niños —y no tanto— que tienen a Baltasar como aliado para que convenza a Melchor y Gaspar de que merecen lo que han pedido.
Ese es el quid de la cuestión. Que todos pedimos, como si fuéramos los únicos y no lo somos. Así que trabajo no les falta. Y Magos tienen que ser para conseguir muchas cosas. Claro que también nosostros nos valemos de esa magia para justificar nuestras peticiones. Yo, por mi parte, tengo dos. Difíciles, pero no imposibles.
Una es que me demuestren su magia y hagan que esta tarde no se colapse León por su cabalgata.
Mi segunda petición es más complicada: que se anule la construcción del Palacio de Congresos. Es difícil, muy difícil, pero a ellos no debe resistírseles. Claro que, a lo peor, dada la complejidad del tema y el poco tiempo de que disponen (hoy no es para ellos el día más tranquilo del año) hasta para unos Magos sea complicado conseguir mi regalo. Por eso estoy dispuesto a facilitarles la tarea y, si no pueden anular su construcción, les pido que empiecen desde ya a buscar colectivos que celebren congresos y les convenzan para que vengan al Palacio de León. Si ellos no pueden conseguirlo ¿cómo vamos a lograrlo nosotros? Besos, Majestades.