FUERA DE JUEGO
Parece que no se llevaron nada
El ADN de los leoneses marca impronta. Hay incontables anécdotas que expresan bien ese afán por autoconvencerse de que las leyes de Murphy son las que en realidad dirigen los designios del Planeta y de la raza humana desde sus orígenes. O al menos así se ve en estas tierras en las que al descorchar una botella en seguida surge una voz que asegura que ese paso es el principio del fin.
Esta noche ha sido la más mágica del año. O al menos así debería serlo para todos. Aunque más de uno exprese sus dudas cuando al escuchar lo de «ojalá los reyes te traigan muchas cosas» responda con un inquietante «mientras no se lleven algo» marcado por ese ADN leonés.
Es verdad que los tiempos no son precisamente los más propicios y que entre quienes se encuentran lejos de los ejes de desarrollo y de poder las cosas se han puesto muy cuesta arriba. Pero hay que ser realistas y admitir que también en Zamora, en Lugo o en Teruel pintan bastos, aunque de nada sirve lo del consuelo de muchos.
Pero tanto victimismo, tanto discurso buscando culpables y enemigos sólo genera un daño irreparable. La experiencia dicta que así sólo se avanza a largo plazo hacia un suicidio colectivo como sociedad, eso sí previo pago de una fase de aborregamiento que permita anestesiar suficientemente todos los deseos, sueños y aspiraciones tras el nos roba en el que cada uno únicamente usa las cartas que tiene como mejor puede y sabe.
Empecinarse en hacer que el ombligo sea cada vez un poco más grande a base de darle vueltas y vueltas al dedo es estéril, o al menos lo es para el conjunto de la sociedad. Como estar permanentemente pendiente de descubrir algún tipo de confabulación generadora de perjuicios. Es una tendencia innata en ese ADN que incluso roza el esperpento cuando se intenta ceñir todo a ese corsé previamente estructurado. Alguno sigue incluso en esa paranoia que le lleva a pensar que los que dirigen los mercados internacionales cual marionetas se reunieron para crear esta crisis para poder mandar a Zapatero para casa.
Pura ilusión, pero de la mala. De la que está alejada de la de esta madrugada pasada en la que todo fue posible. En la que fijo que no se llevaron nada y a lo mejor se podría dejar de mirar el dedo que la señala para descubrir la estrella de Oriente.