Diario de León
Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

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I nmediatamente te vino a la cabeza el personaje del monje ciego de Umberto Eco. El padre Jorge, guardián de los secretos de la biblioteca del monasterio en el que se desarrolla la trama policial de El nombre de la rosa , no solo esconde sino que incluso niega la existencia misma de la segunda parte de la Poética de Aristóteles, dedicada a la comedia. «La risa es una viento diabólico», le escupe el anciano al franciscano curioso al que dio vida en el cine Sean Connery.

El novelesco padre Jorge representa la inflexible posición de muchos padres de la Iglesia, tan platónicos ellos, tan temerosos de todo lo que causa placer. Y la risa es uno de los mayores (y más baratos) placeres al alcance del humano.

Platón reconocía su carácter placentero, pero sostenía que la risa era obscena, transgresora de la armonía y de la conciencia social, propia por tanto de locos, bufones, viles y esclavos. Y muy peligrosa para las mentes autoritarias, para el integrismo cultural.

«La risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios», dice el monje de Eco. Es tan peligrosa la risa que hay que erradicarla, con sangre, si es preciso.

El padre Jorge de la novela muere en el incendio de la biblioteca, condenando a las llamas el preciado manuscrito aristotélico. Antes morir que permitir la difusión de la heterodoxia. Antes matar que transigir con la blasfemia de la caricatura. Antes disparar a personas pertrechadas con lápices y buen humor que consentir la posibilidad de la risa, que es lo más parecido a la libertad.

Te acordaste del monje ciego de Umberto Eco al oír las campanas funerales del kalashnikov cayendo sobre París, cayendo sobre los herederos libres de los ilustrados que supieron separar a Dios del gobierno de los hombres, cayendo sobre una Europa estremecida, entumecida y acobardada en su bienestar incierto, cocida en sus propios errores, en cuya salsa ya mojan los maestros de las soluciones fáciles a problemas difíciles.

Te acordaste también del 20 de septiembre de 1977, cuando una bomba colocada en El Papus , la revista satírica más bestia nunca publicada en España, mató a un conserje. Lo reivindicó un grupo denominado Triple A, procedente de las cloacas del franquismo en descomposición, que incluía una Apostólica en sus fúnebres siglas. Era un grupo con muy poco sentido del humor salvo, si acaso, en su propio nombre.

Sabes que más peligrosos que los que no leen ningún libro son aquellos que solo han leído uno. Y lo han hecho, además con las anteojeras ignorantes del iluminado, del monje Jorge llamado a redimir a los que no tienen ninguna gana de ser redimidos. Mala gente. Gente que no ríe.

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