Diario de León
Publicado por
madridJose María Gil-Robles.leónJosefa Romo.
León

Creado:

Actualizado:

Agradecimiento de los Gil-Robles a la Marquesa

E n el Diario del 7 de enero se publica un artículo sobre Enrique Gil y Carrasco, tío de mi abuelo Enrique Gil-Robles. He de agradecer al autor del artículo su tono laudatorio, respecto a mi tío bisabuelo, pero tengo que lamentar que su información respecto de la postura de mi padre y de nosotros, sus hijos, sea completamente deficiente.

Los huesos de Enrique Gil y Carrasco fueron trasladados a Villafranca cuando Alfonso Alvarez de Toledo fue destinado como embajador de España a la República Democrática Alemana y su pariente, la Marquesa de Villafranca, consiguió que se empeñase en localizar dichos restos que, como él mismo describe en sus memorias, resultó una tarea muy difícil y sólo posible gracias a su tesón e inteligencia. En ningún momento manifestamos ni mis hermanos ni yo (mi padre en aquel momento ya había fallecido) voluntad alguna de que los restos fueran a parar a Ponferrada. Muy por el contrario, mi hermano Enrique y yo, nos trasladamos a Villafranca con ocasión del traslado y participamos en las ceremonias consiguientes, y siempre hemos agradecido a la Marquesa de Villafranca su empeño y generosidad.

33 bautizos del papa

E n la fiesta del Bautismo del Señor (el día 11 de enero), fue noticia el bautismo administrado por el papa Francisco a 33 bebés en la capilla Sixtina, con la simpática acogida a las mamás, que, allí mismo, los amamantaron.

El papa Francisco pidió, a los padres, padrinos, abuelos y tíos, que alimenten, a los niños, con la Palabra de Dios (el Evangelio) y «enseñen a sus hijos que no se puede ser cristianos fuera de la Iglesia, no se puede seguir a Jesucristo sin la Iglesia, porque la Iglesia es madre y nos hace crecer en el amor a Jesucristo». El Bautismo es la puerta de los demás sacramentos, da la gracia y sólo se recibe una vez en la vida; pero, como dice el papa, Dios «no se cansa de perdonar»: nos ofrece permanentemente el sacramento de la Confesión, a modo de sucesivos bautismos que nos lavan el alma y llenan de paz si nos acercamos con sinceridad, humildad, y arrepentimiento.

Al papa Francisco no se le oculta el desuso del sacramento de la Confesión, que, como la ducha, nos conviene recibirlo con frecuencia: dice que «no ha sido promocionado por muchos de nuestros pastores durante años y gracias a Dios que estamos cambiando lentamente esta tendencia...; si nosotros nos apartamos mucho de Jesús, se nos va endureciendo el corazón».

Muchos católicos nos sentimos agradecidos a los sacerdotes que, como les exhorta el papa, tienen «siempre la lucecita del confesionario encendida».

tracking