EL MIRADOR
Otra vez Aznar contra Rajoy
J osé María Aznar tiene un carácter desabrido; es lo que en Granada llamarían un malafollá . Hay algo en su interior que le impide renunciar a dar la nota, a hacerse sentir importante demostrando que no está de acuerdo casi con nada. Excepto cuando siente devoción por alguien que le lleva a la sumisión. Acuérdense de la foto de Las Azores, cuando George W. Bush le cogía por el hombro y el se deshacía.
Le invitaron a inaugurar la convención del Partido Popular para reforzar la imagen del partido, en caída libre en las encuestas, amenazado por la desafección de muchos de sus votantes.
¿Y qué hizo José María Aznar? Pues sencillamente darle una cuchillada trapera al presidente del Partido Popular y del Gobierno. Pero no hay que darle más vueltas. Si José María Aznar no es el protagonista, como un niño mal criado, se hará notar. Le ocurre lo mismo que al escorpión con el elefante. Le pica su veneno en mitad del río, sólo porque está en su naturaleza y no lo puede evitar. Aunque con ello colabore una vez más al hundimiento del partido.
Entre Luis Bárcenas y sus continuas amenazas y José María Aznar y su desprecio, la convención del Partido Popular ha pasado sin pena ni gloria y la imagen destilada deja mucho que desear. Siguen sin conocerse los nombres de los candidatos. Mariano Rajoy hace una exhibición de cesarismo y se reserva dar los nombres elegidos por él mismo en el momento que le plazca.
Es cierto que los datos económicos le permiten sacar pecho. Pedro Arriola, hasta el momento, tiene el escenario que necesitaba porque siempre ha fiado todo a la recuperación económica. Y ese es ahora mismo el mantra del Partido Popular. No tiene otro.
Estamos en un mundo cambiante. La nueva política económica del Banco Central Europeo imita las medidas de Obama de hace seis años. Habría que preguntar por qué se ha tardado tanto. Y hay que preguntar si esta aparente cesión de Angela Merkel tan tardía tiene lados oscuros. Dentro de un rato sabremos qué ha pasado en Grecia y eso también tiene repercusiones en toda Europa y en España. Y por si fuera poco, la salida de Luis Bárcenas de la cárcel de Soto del Real empañó el comienzo de la convención. Y las elecciones griegas van a eclipsar la clausura.
La gran perdedora de la convención del Partido Popular ha sido sin duda alguna Esperanza Aguirre. No ha brillado con luz propia. En un universo en que la consigna, después del desprecio de Aznar a Rajoy, es la unidad frente al presidente del Gobierno, Esperanza se sitúa en el bando del agravio al líder.
A lo mejor hasta es la puntilla para su candidatura a la alcaldía de Madrid.