EN BLANCO
Estanco Ramiro
E scribir una columna es trabajo pero también diversión, y más cuando el objetivo consiste en dar cuenta de un aniversario, lo que tiene un mérito mayúsculo debido a nuestra tremenda realidad económica, lastrada por la inclemente cirugía presupuestaria. Así que descorriendo el velo de la actualidad referida al viejo solar leonés, hay que celebrar el 80 aniversario recién cumplido por el estanco de la plaza Circular, regentado con muchísimo oficio por Ramiro Gutiérrez. Y más cuando unos pasos más allá ha cerrado el bar Cantábrico, lo que supone para el vecindario de la zona un crimen de lesa humanidad sentimental. La apertura del estanco se remonta a tiempos de la República, cuando el gobierno de Alejandro Lerroux concede la licencia a Silvina Ovejero, una viuda con tres hijos a su cargo. El local primitivo estaba situado en la esquina de Ramiro Valbuena con la Inmaculada, en el edificio de Pedro el lechero y justo al lado de la tienda de electricidad Alfayate. Doña Silvina falleció en 1935 y el negocio fue heredado por su hijo mayor Arturo Gutiérrez, por entonces un chaval con apenas 11 años de edad.
El franquismo respetó la concesión y al fallecer don Arturo, con 79 años, era el titular de estanco más antiguo de España. No todo fueron días de vino y rosas, e incluso se produjeron paréntesis en el devenir del negocio debido a su escasa rentabilidad y los desencuentros con el jefe de Tabacalera, que motivaron la apertura de otros estancos en calles aledañas. Don Arturo marchó a trabajar a Alemania y otros lugares, hasta que a principios de los 80 retomó el timón hasta su fallecimiento. Ahora es su hijo Ramiro quien se encarga de este establecimiento con solera, protagonista de anécdotas como la del campesino que entró a comprar ruedas de carretilla o la señora encopetada que pedía tabaco “mentalizado”. Qué tiempos…