Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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D esde hace un lustro tres leoneses cada día abandonan su provincia natal. Se van fuera, muchas veces lejos, a buscar trabajo. Mil al año. A buscar lo que su tierra no les da. Ni parece que vaya a darles en largo tiempo. La provincia de León es rica en gentes, ya lo era en el siglo XIX, cuando destacaba como uno de los territorios de España con menos analfabetismo, con más conciencia cívica y mejor armonía social. Pero era y es incapaz de ofrecer un porvenir a muchos de sus hijos.

León da personas estupendas, y no es cosa de compararse con otras provincias. León ha dado hijos extraordinarios en el difícil mundo de la empresa; personas que han creado mucha riqueza, casi siempre fuera, y que, en tantas ocasiones, han sabido dedicar parte de su dinero a mejorar su tierra de origen. León ha dado grandes creadores en todas las artes, muy principalmente en la literatura. Y también destacados hombres y mujeres en el mundo jurídico, médico, de la ciencia y la ingeniería.

Aquí es habitual que personas nacidas en remotos lugares, en familias muy modestas, hayan protagonizado luego trayectorias vitales que no estaban en el guión. Y casi siempre en estos paisanos predomina la sencillez en el trato, la cercanía, la humanidad. Algo así como una mezcla de inteligencia, naturalidad y camaradería.

Puede pensarse que mi discurso es iluso y buenista, pero creo que es lo que hay. Y aunque me estoy refiriendo a las personas más ilustres lo que digo también sería predicable de las demás. De la inmensa mayoría de quienes han tenido que ir por el mundo a buscarse la vida y han sido obreros, empleados, pequeños empresarios autónomos, o han sido maestros, funcionarios, militares, policías… lejos de León. Ese es nuestro sino, la materia de la que estamos formados muchos leoneses: la materia del que se va de su tierra. Algunas veces es por anhelo de mejorar, por encontrar mejores expectativas personales allende los lindes provinciales. Pero muchas más es por pura supervivencia.

¿Qué hacer? Seguramente nada. Solo constatar esta verdad, doliente y también estimulante. Porque salir del entorno social y familiar es duro pero también es prueba de la capacidad de las personas. Es un acicate para descubrirnos, para saber más de nosotros mismos. Para fundir nuestra identidad personal, de aura leonesa, con otras. Y eso es modernidad, y eso es una pequeña revolución íntima y a la vez crucial.

Pero nunca uno rompe, ni quiere ni debe, ese vínculo por encima de cualquier contingencia. La provincia querida no nos pudo dar lo que buscábamos, o no supimos encontrarlo. Pero vive dentro de uno, no es cosa del sentimentalismo barato. Es algo físico, palpitante, raigal. Es una sustancia que nos recorre, que está siempre al fondo de lo que vemos por ahí, de lo que vivimos. Un modo de sentir que no cesa, al que cada día se suman tres leoneses.

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