FUERADE JUEGO
Ciudad del Euro
E l ingreso en la cárcel provincial del autor de una de las estafas más mediáticas que se han vivido por estas tierras —y el listón está realmente alto— servirá de algún modo para cerrar otro capítulo de la historia de la que llamaron hace décadas Ciudad del Dólar, pero que ha sabido adaptarse como pocas para exhibir que es incluso fácil liar la ‘mundial’ si se tercia.
La estafa inmobiliaria, ya cerrada con una condena pactada, fue la guinda a un complicado pastel que puso en evidencia cómo son las cosas en el Ayuntamiento de Ponferrada, donde se hizo posible que un jefe de obras fuese a la vez constructor en el mismo municipio. Ejemplo preclaro como pocos de que todo cabe si el agujero se hace lo suficientemente grande y donde en cuestión de meses es posible cambiar embargos por listas de espera para acceder al despacho.
Sin duda han hecho bien quienes han optado por el pájaro en mano para pactar esa condena y esa indemnización por todo lo sufrido sin permitir que ni el tiempo ni las maquinaciones ayuden a maquillar lo que ha quedado como blanco sobre negro en un acuerdo que evita más padecimientos y agravios estériles.
Atrás quedan aquellas andanzas no exentas de alertas que nunca se escucharon en el Consistorio y de aquella espina clavada en las aspiraciones de una Deportiva Ponferradina que curiosamente sólo consiguió acceder a su etapa dorada cuando de una vez por todas desaparecieron lastres como aquel Endesa o el más moderno Promesas empeñados en hacer una competencia que enredaba apoyos y dividía respaldos con una situación contranatura como es la de que en un club deportivo estén llenas las arcas y vacías las gradas.
Son buenos de vez en cuando los carpetazos, como el dado ayer al caso Ponsferrata, que en los últimos tiempos tras reincorporarse como empleado municipal se convirtió en el mantenedor del corazón ponferradino, en el custodio de su castillo. Abrir nuevos capítulos genera oxígeno y en Ponferrada se echa en falta hace tiempo, donde se aguarda un futuro para poder olvidar un carbón que hacía más curvas que la carretera del Valle del Silencio en su camino hacia las térmicas y hacia otras industrias, y del que los mismos que lo mataron se han hecho herederos. La Ciudad del Euro también tiene episodios prometedores para contar a los nietos en cuanto sea posible el carpetazo.