Diario de León

TRIBUNA

El declive del Reino de León, las causas

Publicado por
Joaquín cuevas aller escritor
León

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E n la Edad Media, en el Reino de León hubo reyes para todos los gustos. Unos pasaron inadvertidos, sin pena ni gloria; otros fueron bastante mediocres, que cometieron errores que sólo consiguieron perder tiempo sin causar daños irreparables. Los más, fueron excelentes reyes que lograron grandes días de gloria para León y para España. Hubo reyes que sus nombres debieran ser escritos en letras de oro por el gran prestigio que dieron a León. Pero hubo uno tan nefasto, al que no me atrevo a calificar, simplemente diré de él que destruyó para siempre el que entonces era el reino cristiano más importante de Europa. Las secuelas de su nefasta política perduran aún hoy después de más de ocho siglos. Su nombre: Alfonso VII.

Alfonso VII heredó de su madre, la reina doña Urraca, más de la mitad del territorio de la península ibérica: Galicia, Asturias, la mitad de Portugal, León, País Vasco, Castilla y Toledo. Todo este territorio formaba un solo reino, el de León. Jamás rey alguno tuvo tanto poder y tanto territorio A su muerte el Reino de León quedó reducido a una tercera parte del territorio heredado: Galicia, Asturias y la actual región leonesa. La pérdida de territorio no fue debida a invasiones enemigas, ni a derrotas en batallas. Todo lo contrario, las pocas batallas que tuvo con el enemigo invasor las ganó todas. Simplemente Alfonso VII dividió el Imperio de León en cuatro reinos independientes entre sí.

Ocho años después de haber sido ungido Emperador de España, le concede la plena independencia a Portugal. Poco antes de morir, el año 1155 convoca un Concilio en Valladolid y allí decide dividir el resto del Imperio en otros tres reinos plenamente independientes: León Castilla y Toledo.

Las decisiones que toma Alfonso VII no tienen ninguna explicación lógica. Las crónicas medievales no aclaran las decisiones del Emperador. Los historiadores de todos los tiempos tampoco aclaran los motivos de esas decisiones. Sin embargo, algo debió ocurrir para que Alfonso VII tomara las decisiones que tomó. ¿Qué explicación tiene que le concediera la independencia a Portugal? ¿Qué explicación tiene que dividiera el resto del territorio en tres nuevos reinos después de la experiencia de su bisabuelo, Fernando I, que dividió el Reino de León entre sus tres hijos varones y acabó en un rotundo fracaso? Todavía más ilógico, ¿por qué entrega el Reino de Toledo a la Corona de Castilla cuando había sido un rey leonés, Alfonso VI, quien lo había reconquistado y repoblado? Y aún más incomprensible, entrega a Castilla las tierras comprendidas entre los ríos Cea y Pisuerga, unas tierras que nunca habían formado parte del Condado de Castilla y que, además se llamaban Campos Góticos Leoneses.

Aunque las crónicas medievales ni los historiadores aclaran los motivos por los que Alfonso VII tomó esas decisiones, sí es cierto que en las crónicas medievales hay suficientes datos que pueden arrojar alguna luz para entender bastante claramente los motivos de esas graves decisiones. He aquí algunos de esos datos: Alfonso VII nació el año 1105 y, siendo todavía un niño, ya estaba en las manos del obispo de Santiago, don Diego Gelmírez, para su educación y preparación para reinar. Don Diego se preocupó de conseguir cosas que nunca antes Infante alguno había conseguido. Con sólo dos años, el obispo consiguió que la nobleza gallega reconociera al infante como Señor de Galicia. Con seis años, le coronó como rey de Galicia en Santiago de Compostela, aunque como vasallo de su madre la reina doña Urraca. El año 1126 es ungido rey de León en presencia de don Diego Gelmírez. El año 1935, por consejo del obispo, es ungido Emperador de España. La coronación de Alfonso VII como emperador consigue que los reyes de Navarra, Zaragoza, el Conde de Barcelona y otros más, se declarasen vasallos del emperador. Todo esto sólo fue una estratagema de don Diego Gelmírez. El obispo de Santiago era un hombre muy inteligente y muy ambicioso, esto lo admiten practicamente todos los historiadores.

En el mundo cristiano había tres ciudades muy especiales: Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela. En el Imperio de León la máxima autoridad eclesiástica era el obispo de Braga, antigua e importante ciudad romana. Don Diego ambicionaba ser el obispo primado y por eso aconsejó a Alfonso dar la independencia a Portugal, bien entendido que como vasallo del Imperio de León. Podía surgir otro problema, muy lógico además, declarado Portugal independiente, no era seguro que el obispo de Santiago fuera el primado del Reino de León. Lo más natural es que fuera el obispo de Toledo, como así había sido siempre durante el Imperio Visigodo. Para evitar ese problema, don Diego aconsejó al emperador Alfonso que le diera también la independencia al Reino de Toledo. Ahora bien, el Reino de Toledo tenía que ir unido a Castilla por temor a que los castellanos se rebelaran, ya que Castilla quedaría encerrada en su territorio. Naturalmente estos reinos seguirían siendo vasallos del Imperio de León. Así don Diego no tendría rivales para hacer realidad su sueño: ser el obispo primado del Imperio. Don Diego esperaba que el prestigio de ser el primado del reino cristiano más importante de Europa, le abriría las puertas para ser papa. Don Diego sólo consiguió ser el obispo primado. Una vez independientes, los reinos de Portugal, Castilla y Toledo jamás volvieron a formar parte del Imperio de León.

Dada la debilidad circunstancial de los reinos musulmanes, Alfonso VII pudo terminar la Reconquista. Lo demuestra que, con la ayuda del resto de los reinos peninsulares, menos Portugal, y las marinas italianas de Génova y Pisa, reconquistó el importante puerto de Almería así como las plazas de Jaén, Guadix y Andújar, poblaciones que no supo retener y las perdió.

El egoísmo del obispo y la debilidad del rey, convertido en un pelele en manos de don Diego, impidieron a ambos calcular bien los riesgos que corrían al tomar las decisiones que tomaron. Tampoco es fácil juzgar con la mentalidad del siglo XXI las decisiones del siglo XI. La realidad es que las decisiones de Alfonso VII dejaron al Reino de León muy debilitado y reducido a un tercio de su territorio.

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