Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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L a decisión de Pedro Sánchez de dar un puñetazo en la mesa de la PSM para terminar con una decadencia insoportable que amenazaba la recuperación de todo el partido era indudablememte arriesgada porque, de forma inevitable, encerraba una profunda contradicción: Tomás Gómez fue criticado por muchos —y por quien firma estas líneas— por no haber auspiciado unas verdaderas primarias abiertas, con tiempo y generosidad suficientes, para designar al candidato a la presidencia de la comunidad de Madrid, y ahora es descabalgado para ser sustituido por un líder que no se someterá a primarias. No es extraño que los partidarios de Gómez, con Valcarce a la cabeza, hayan puesto de manifiesto el contrasentido y exigido al menos elegir al sucesor. Desde la elección en julio de Pedro Sánchez, con notable margen sobre sus contrincantes y con el apoyo de Susana Díaz, para la secretaría general del partido, era evidente que aquella entronización tendría que someterse a una reválida inexorable: las elecciones autonómicas y municipales de mayo. En ellas, el PSOE tiene una teórica oportunidad de fortalecerse material y psicológicamnete toda vez que en 2011, el Partido Popular obtuvo un resultado irrepetible por lo que hoy, en el mejor de los casos, perderá una parte de aquel poder acumulado en vísperas de la victoria de Rajoy por mayoría absoluta.

Así las cosas, es lógico que Pedro Sánchez considere vital, para sí mismo y a la recuperación del PSOE, levantar el vuelo el 24 de mayo. Y las pésimas expectativas de Madrid lastraban aquel designio: las encuestas pronosticaban un resultado pésimo para Tomás Gómez en la Comunidad de Madrid.

El perfil de Gabilondo no responde al tópico del buen candidato; es un intelectual relativamente poco conocido, que sin embargo puede operar una revolución en la clientela socialista, con un tirón semejante al que demostró, pongamos por caso, Tierno Galván en su día. Su ingreso en la lid electoral representaría un salto cualitativo de la Política, que está necesitada de peso específico y de prestigio para combatir la fuerte desafección que padece. Y el PSOE adquiriría unos tintes originales que podrían ser recibidos muy positivamente por la sociedad civil.

Si la operación resulta, Pedro Sánchez debería repetirla en el terreno de las ideas y de los proyectos. Sería deseable, en fin, que también personalidades de la sociedad civil intervinieran en la redacción y la difusión de los programas políticos por especialidades, que en esta ocasión, al ser más los actores de la competición electora, pueden alcanzar un peso específico sin precedentes la hora de decantar las preferencias colectivas. Para ello, será necesaria cierta concordancia interna, que no significa unanimidad sino tan sólo lealtad: es bueno que en los partidos haya debate, rivalidad, movimiento; lo intolerable es que tras la pugna entre ideas haya agresiones cainitas que sólo responden a la lucha por el poder.

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