Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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P or centrarnos en la realidad más inmediata, la catástrofe dosificada a plazos que se cierne sobre nuestro León provoca a nivel comercial que en lugar de nupcias en forma de nuevos establecimientos, solo haya exequias. Una política de no dejar piedra sobre piedra que ha sumido a la ciudad en la más fatalista resignación, por lo que comentar alguna buena noticia resulta más duro que estudiar para gladiador. Nombres míticos en el anuario local como Tremiño o el bar Cantábrico , por citar un par de ejemplos, han sucumbido al desaguisado financiero y económico, agravado por el desamparo institucional al que nos vemos sometidos. En fin, hemos llegado al punto de ya no saber si nos duele la espalda o es que está duro el colchón. La mentalidad guerrera de sus actuales propietarios es lo que permite la subsistencia de todo un clásico de la hostelería local como la cafetería Alaska , cercana a cumplir su sesenta aniversario.

Al poco de abrir sus puertas en la calle Gil y Carrasco se hizo un hueco entre el público entregado a los placeres mundanos, hasta el punto que la barra parecía, a la hora del vermú, la batalla del Alamein. Desde entonces, el Alaska forma parte de la casta del León social —de la casta buena, claro—, gracias a su profesionalidad, buen hacer y extraordinaria finura en el toque. Trasladado en 1990 a su ubicación actual, en la avenida de Roma, el confort y las buenas maneras son la mejor tarjeta de presentación de un establecimiento fiel a los viejos valores. La sonrisa es la tendencia natural a hacer las cosas de Alegría y Carlos, sus dueños, acompañados en la barra por Clara, una rubia que la miras y te alegra el día. Igual que siempre, la gente va al Alaska para ver y dejarse ver. Y también a pedir las legendarias tortitas que son magia dulce y un extraordinario aporte al bienestar gastronómico de los leoneses.

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