LEÓN EN VERSO
Pingados
R asgo característico de la gente de aquí ese de beber sin motivo; solos o apareados. Ni siquiera por la peregrina razón previsora de tapar la sed de luego, que suele acometer cuando no te hidratas en condiciones las vísperas. Envidia de los americanos, que se chuzan en condiciones mientras deshojan las citas sociales claves del calendario. En un evento deportivo de esos que se retransmite en prime time del horario nocturno para radioyentes con insomnio los yankees consumen cerveza equivalente a siete minutos de cauce del Niágara. Que se ocuparan de una equivalencia así para medir el arrojo dice mucho del tiempo libre que pueden llegar a tener los estudiosos de la sociología en un país desarrollado. Otra cosa que admirar de aquella gente. Miden los líquidos en unidades de tiempo, en vez de litros, metros cúbicos. No hay suficiente democracia en este lugar para encajar los hectómetros que se pueden precipitar garganta abajo en una noche de júbilo; ni dimensionar el éxito de un acontecimiento medido por las veces que la gente se asoma a abrevar a una catarata, aunque sea de cerveza. Resulta utópico trasladar ese momento a León, aunque no dejaría de contribuir a humanizar el organismo que gestiona los fluidos. Acercar la Confederación a la gente para algo que no sea expropiar y hacer embalses y por otro medio distinto a los todoterreno japoneses de cincuenta mil euros desde los que se expenden recetas que además de marcas dejan cicatrices. La CHD se consagró como un lugar enigmático cuando el propio Zapatero, generoso con la docena de allegados que le dieron conversación en aquellos largos años de entrenamiento por los que tanto agradeció en público a Amilivia, no se atrevió en ocho años de gobierno a colocar un leonés al frente. Se conoce que, como en otros órdenes de lo público, hay mieles que no están para los labios de los colonizados. A las ambiciones de León se les ceba con laureles supletorios, marquesados como el del uno uno dos, que es el primer servicio de emergencias de la Unión que se gestiona fuera de su ámbito de actuación, y otras taifas fútiles que están tan externalizadas que no se sabe si es una institución o una SL de servicios. Ya tienen un ejemplo en el mando de cuenca; que midan las crecidas que arrollarán las riberas antes de un mes por la cerveza que somos capaces de pimplar en una noche; como los americanos, pero al revés.