Diario de León
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Carlos Alonso.democracia nacional león
León

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Identidad leonesa

y claridad de ideas

C orría el año 1135 cuando el Reino de León dio a España el primer emperador desde la caída del Imperio Romano, y el primero que lo hacía desde un reino hispano; Alfonso VII, rey de León e ‘Imperator totius Hispaniae’. Muchas cosas han cambiado desde que diera a León un puesto específico en la historia de España; algunas para bien, otras muchas para mal. Entre las que han cambiado para mal (para muy mal, de hecho) está la total y absoluta obstinación con la que nuestros políticos e instituciones locales se han entregado servilmente a la labor de intentar erradicar del conjunto de la sociedad leonesa un sentimiento de identidad regional propio en el nombre de ese artificial contubernio llamado: Junta de Castilla y León. Desde que comenzó este «tonto el último» que ha sido, y es, la partición de España en diferentes entes autonómicos, si ha habido una región histórica que haya sido especialmente maltratada por la ralea política que nos desgobierna desde hace más de treinta años no es otra que el Reino de León.

Que a los leoneses llevan años intentando lavarnos el cerebro para hacernos sentir «castellanoleoneses» (¿qué es eso?, ¿algún leonés realmente se considera así?), es algo tan obvio (hasta nuestra limonada quieren convertir en castellana) como infructuoso, de momento, ha sido su esfuerzo por conseguirlo. Porque el leonés se siente leonés y español, pero no castellano, y menos aun esa matraca de «castellanoleonés».

Los leoneses nos preguntamos cómo se sentiría un valenciano si su región hubiese sido unida a Cataluña, un extremeño si la suya lo hubiese sido a Andalucía, o un asturiano si se hubiese formado, en un magistral ejercicio de cirugía geográfica, un conglomerado «Galaico-astur», por obra y gracia de la ralea política.

Para los leoneses resulta de todo punto abominable comprobar como todos y cada uno de los partidos de ámbito nacional están a nivel local totalmente entregados a esa causa «castellanoleonesa».

Los leoneses, en la inmensa mayoría de casos, no aspiramos a otra cosa que poder seguir siendo leoneses dentro de nuestra nación española, cosa que para todos esos que se llenan la boca con el «derecho a decidir de los pueblos» (¡valiente mamarrachada!) debe de ser poco menos que un sacrilegio. Desde Democracia Nacional León no nos andamos por las ramas ni tenemos un discurso doble, lo decimos alto y claro: León no es Castilla, por tanto el Reino de León (León, Zamora y Salamanca) debe de separarse de la región castellana. No estamos hablando de secesión de ningún tipo, una secesión es cosa bien distinta, es separar lo que está unido por lazos naturales de identidad, cultura e historia; secesión sería si la comarca del Bierzo se separase del resto del Reino de León, el Condado de Treviño se separase del resto de Castilla, o Cataluña lo hiciese del resto de España. No, nosotros hablamos de separar dos regiones que siempre han sido diferentes (y hermanadas en su españolidad) unidas de manera artificial; ni más, ni menos.

Para ello nosotros pensamos que no es necesario ningún tipo de referéndum ni cosa similar, cualquiera que haya estado en León alguna vez sabe de sobra cuál es el sentimiento de identidad de los leoneses a ese respecto; simplemente hace falta la voluntad política de las instituciones leonesas para devolver a León a un orden natural del que nunca debieron sacarlo.

Es obligación nuestra desmantelar el actual sistema autonómico. Y cambiar este caos actual por un sistema que devuelva el gobierno real de la nación a un Estado central más fuerte, y que éste a su vez impulse la creación de organismos regionales que funcionen de un modo más justo, directo y eficaz.

¿Algún otro partido de carácter nacional puede hablar sobre este tema con la misma claridad?

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