TRIBUNA
¡Al fin sé inglés!

C omo todo el mundo debe saber, políticos incluidos, al menos desde el glorioso reinado de los llamados Reyes Católicos —no se sabe si es cierto tan diocesano apelativo—, en este país «devoto de Frascuelo y de María», ningún responsable tomó en serio la exigencia de que los súbditos aprendieran debidamente el idioma inglés. Es de suponer que a algún individuo o individua, como se dice ahora, le costara la hoguera su interés por hablar en infiel. Los gobernantes preferían a la gleba callada o, en el mejor de los casos, musitando en voz baja el léxico de Cervantes; no demasiado baja, por aquello de la subversión. Notorio es, según un conocido escritor, que «El hombre es esclavo de sus palabras y amo de sus silencios». Los silencios siempre vinieron bien a quienes daban órdenes. En tiempos más cercanos, allá por los años 50 del siglo pasado, se estudiaba francés en el bachillerato. Resultaba muy fino. Era el lenguaje oficial de la Diplomacia, decían. Fue una pena que los catedráticos no utilizaran adecuadamente su sabiduría docente. Los alumnos, antes de ser universitarios y después de conseguir la orla profesional, solamente sabían decir: oui (mal pronunciado), o je t’aime, (mal pronunciado) por si aparecía alguna gabacha por el lugar.
Mas, despreocupada la clase política por la enseñanza del inglés, han tenido que ser otras etnias las que, generosamente, pusieran su empeño altruista en hacer comprender al españolín la necesidad imperiosa de hablar y escribir con corrección el idioma de todos los ingleses y más de medio mundo, incluida la Reina Madre de todas las Inglaterras. Es decir, la A.N.A.U. Sí. La Asociación Nacional de Anunciantes Unidos.
Hace unos días, en la obligada espera de la peluquería, hojeé sin mucho interés un par de revistas de información general; principalmente la publicidad, pues no encontré nada de mayor interés.
De pronto, gratificantemente sorprendido, comprobé que ¡Sí sabía inglés! En tan solo parte de las dos publicaciones, a gran tipografía, encontré los anuncios siguientes:
Second chance luxury market. (Segunda suerte del marco lujurioso)
The kitchen Company: Cooning (Compañía de caniches: Coño)
Dolce Gabbana. (Dulce siesta)
Intimissimi Italian Lingerie (Intimísimo italiano elaborador de lino)
Timeless is now (Tímale, es nuevo)
Spring summer (Carrera de sumerio)
Top Instagram (Topo instantáneo de un gramo)
Buffalo Bugaboo (Búfalo en coche bobo)
Youtubers (Yo, tú verás…)
Patchwork (Pachi vocea)
Cellular anti-age (Célula anti-agencia)
Unforgettable moments (Informe jeta de un momento)
One Planet (Ligue pequeño de un catalán)
British gin with japonese twist (Ginebra inglesa de japonés bailando)
Skincare by perse (Esquí caro de Persia)
No pude continuar leyendo más pues me llamó el peluquero tijera en ristre y no era cosa de hacerle un desaire. Los barberos son gente peligrosa. Bien es cierto que mi satisfacción era exultante. Resulta que ¡sabía inglés!, y yo sin ser consciente de ello. Interiormente di mil veces las gracias a los anunciantes, a la A.N.A.U., aunque, la verdad, son algo gilipolling y los lectores bastante papanating. Mas, se lo perdono. ¡Sé inglés! Ya puedo hacer excursiones a Londón con el Club de los Sesenta que patrocina la Junta de Castilla y León. Con mi francés y mi alemán sólo podía cantar La Marseillaise , o ir a trabajar a Stuttgart. Ahora, incluso, puedo acceder a un Erasmus. Me ha cambiado la vida.