Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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E ntre 2008 y 2013, el Producto Interior Bruto español decreció un 7,3%, algo más que el 6,7% estimado antes del cambio de sistema de medición en octubre de 2014. La coyuntura actual es adecuada para hacer un alto en el camino y tomar aliento para la tarea más perentoria que tenemos que abordar: recuperar en la medida de lo posible y cuanto antes el estado de bienestar de que disfrutábamos antes de la gran conmoción. Porque en este país, aun cuando sean muy notorias las divergencias ideológicas entre los distintos partidos, existe un consenso bastante generalizado sobre el hecho incuestionable de que el principio de igualdad de oportunidades en el origen se plasma sobre todo mediante la existencia de unos grandes servicios públicos universales, gratuitos y de calidad. Al margen de la propaganda política, que es como en todas partes, el Estado español, que es pese a todo maduro y solvente, publica información de calidad, aunque en muchas ocasiones aparezca desordenada. Gracias a ello, podemos evaluar qué ha ocurrido con la sanidad española a lo largo de la crisis. A día de hoy, están disponibles tres indicadores muy expresivos: en primer lugar, el gasto de las administraciones públicas en salud ha caído desde 72.939 millones de euros en 2009 a 63.006 en 2013, es decir, un 13,6%. Los datos han sido proporcionados por el Ministerio de Hacienda.

En segundo lugar, se dispone también de un dato muy expresivo, la lista de espera quirúrgica, que ha pasado de 374.194 pacientes en junio de 2009 a 583.612 en junio de 2013; el tiempo medio de espera ha crecido en ese periodo de 63 a 101 días. Los datos son del Ministerio de Sanidad. Finalmente, el barómetro sanitario confeccionado por el CIS contiene un apartado que recoge el porcentaje de encuestados que creen que en el último año han empeorado las listas de espera, la hospitalización o la atención primaria: los que creen que estos tres elementos han empeorado se han multiplicado por tres en esos cinco años. A estos elementos de medición se pueden añadir otros, como la pérdida de efectivos humanos, de camas, etcétera.

No hay indicadores claros que permitan asegurar que la morbilidad ha crecido o que la salud haya empeorado, porque los servicios sanitarios tienen una cierta elasticidad que permite mantener hasta cierto punto la eficiencia aunque flaqueen os medios disponibles. Pero no es dudoso que lo ideal es regresar al menos al punto de partida para seguir mejorando el sistema sanitario, un designio que nunca puede darse por concluido como es natural. Y lo mismo habrá que decir de la Educación y del conjunto de Servicios Sociales. Los partidos deberían rivalizar, en definitiva, en el afán por recuperar los estándares anteriores al gran crash. No sólo en actividad y empleo sino también en las prestaciones públicas que resumen los conceptos de civilización, de estado democrático, de bienestar y de felicidad.

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