Diario de León
Cristina Fanjul
León

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A hora que lo de Podemos en Andalucía se ha desinflado como un globo de helio, el PP tendrá que buscarse otro enemigo con el que batirse el 24 de mayo. Vamos, que arengar con el miedo ya no le vale, que se tiene que buscar otra coartada para lograr que las clases medias acudan en masa a las urnas, muertas del susto ante el regreso del Frente Popular y tal. Porque, visto lo visto en el sur, está claro que los españoles aún votamos con las tripas, que seguimos siendo esclavos, que aunque nos sigan robando seguiremos pagándoles el muermo, que es mejor que los que nos despluman sean ‘de los nuestros’, que luego nos ponen la internacional, levantamos el puño y nos emocionamos pensando en la mancomunidad de los pobres. Y si además hay una candidata que habla con acento de Linares, mejor, que aún estamos en Infantil aunque pensemos que hemos aprobado la Reválida.

Así que el PP ha perdido por dos veces. Ha perdido las elecciones y el arma para salvar las siguientes, que ya ha quedado claro que el centro izquierda seguirá votando al PSOE, que la sociedad española aún no se ha decidido a escalar la ‘Montaña’.

Ahora ¿qué? ¿Quién sacará a la gente de su casa, ahora que el terror al jacobino ya no nos vale? ¿La economía? La economía no vota. El Ibex 35, el FMI, Merkel... todos ellos juntos no son capaces de hacer que la gente sienta ‘la piel’, que dirían los Floriández y se sacuda los años de desprecio, los larguísimos días de humillación tras los que hemos descubierto que éste sigue siendo un régimen despótico, un negocio perfecto alumbrado al calor de la transición de una panda de gañanes.

Nos faltan siglos de historia, de historia de verdad, que es eso que ocurre cuando comienza la civilización y termina el imperio de la barbarie. A veces creo que es cierto, que como decía Borges la democracia no es más que una superstición muy difundida, un abuso de la estadística, que nos dejamos malear y confundir por el ruido y raramente leemos la letra. Aquí nos gusta ser esclavos, que nos digan lo que tenemos que hacer, que nos marquen el camino por el que debe transitar nuestro pensamiento. ¿Cuántos de los que acuden a votar pone en duda alguna vez alguna de sus certezas? La clave para entender lo que le pasa a este país está en la contestación a esa pregunta.

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