EL CORRO
La devaluación de las primarias
F rente al imperturbable «dedazo» del PP, prácticamente todas las demás fuerzas políticas han enarbolado la celebración de primarias como un avance irrenunciable, consustancial a la democracia interna de los partidos y, por ende, a la regeneración democrática del sistema. Y no cabe duda de que, correctamente utilizado, el instrumento devuelve a las bases la soberanía interna secuestrada por los aparatos, previene contra la endogamia y conecta a sus anquilosadas estructuras con la realidad ciudadana.
Sin embargo, en la práctica se constata que las primarias están quedando muy lejos de constituir esa panacea democrática. El PSOE, que fue pionero y había dado un gran paso al elegir por primera vez a su secretario general mediante el voto individual de todos sus afiliados, lejos de avanzar en esa línea, ha restringido y devaluado al máximo las primarias municipales y autonómicas. Basta decir que en Castilla y León únicamente se han convocado en 12 ayuntamientos, de los cuales sólo en tres (Valladolid, Burgos y Ávila) ha concurrido más de una candidatura. Y para rematar, a la ganadora de las primarias abulenses, Manuela Prieto, no se le ha perdonado que fuera del sector crítico y ha sido fulminada de las listas por el Comité Federal, que ha designado candidata a la Alcaldía a la perdedora del proceso.
Ese brusco golpe del aparato echa por tierra el pretendido discurso regenerador y participativo de las primarias socialistas, que en el ámbito autonómico se han reducido a la elección del candidato a la presidencia de la Junta, Luis Tudanca, proclamado directamente al no concurrir candidato alternativo. Por supuesto, no se ha extendido el sistema a todos los demás candidatos a las Cortes, designados, como de costumbre, es decir, mediante procesos internos controlados de arriba abajo por el aparato.
Lo peor es que la actuación al respecto de los partidos emergentes también deja mucho que desear. Las primarias de Podemos están viciadas de raíz, ya que, aunque se vota a cada candidato de forma abierta, cada corriente apoya en bloque a los integrantes de su candidatura, de tal forma que la que resulta mayoritaria —normalmente la auspiciada por el aparato— acapara para sí la totalidad de los puestos a elegir. Así ocurrió en Castilla y León con la pasada elección del Consejo Ciudadano Autonómico, cuyo resultado ha hecho perfectamente previsible el de las primarias autonómicas, en las que los afines al secretario autonómico, Pablo Fernández, se disponen a monopolizar las candidaturas del partido a las Cortes.
Dejando al margen las convocadas por las plataformas ciudadanas de ámbito municipal, las únicas primarias convocadas sin trampa ni cartón han sido las de IU y UPyD. Y visto lo ocurrido en Andalucía, no parece que los electores se lo hayan recompensado…