EN BLANCO
Envidia insana
Hay veces que, de verdad, ten entran ganas de escupirte en las manos, izar la bandera negra y ponerte a cortar cabezas. Dicho sea metafóricamente, claro, pues lo cierto es que los políticos que nos han tocado en suerte, cuyo comportamiento intelectual es más bien agropecuario, para unas cosas tiran con cañones y para otras con pobres y simples balines. Me refiero a la panoplia de exposiciones especiales, conciertos y demás actos programados desde la Junta con motivo del quinto centenario de Santa Teresa, en un comportamiento vergonzante y desigual para los leoneses que me parece más feo que quitarle el kimono a un japonés. No es que la mística abulense no se merezca tan lucido homenaje, que seguramente sí, sino que siento una envidia insana y me erizo de rencor territorial debido al pobre dispendio dedicado por los mandamases vallisoletanos a un galardón mucho más relevante a nivel universal: el reconocimiento por parte de la Unesco de nuestra ciudad como cuna del sistema parlamentario.
La diferencia de tratamiento monetario y social entre un tema y otro provoca perplejidad sin cuento y reaviva, con toda razón, ese sentimiento de agravio que desde hace años se proclama desde las trincheras leonesistas. No es que a estas alturas pretenda sembrar cizaña política, sino constatar un hecho desgraciadamente verídico y cuyo responsable último es un ente autonómico, la Junta, que cuenta con escasas simpatías por estos lares pues parece que su función primera es aplicar el rodillo del poder sin atenderse a razones. Acabo: el reparto publicitario y económico no se ha mantenido dentro de unos límites saludables, supongo que a causa del entramado de favores, componendas, compadreos y cuentas pendientes que se dirime en los despachos de Valladolid. ¡Ay, los políticos, con sus cuchilladas, olvidos y batallitas interesadas!