Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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E l ABC democrático elemental proclama que el momento de las votaciones constituye la consagración de un sistema que, con todos sus fallos, es el menos malo entre el abanico de sugerencias por las que se rigen los pueblos. El problema es que nos encontramos en una situación límite debido a la ola de descrédito propiciada por los ilícitos tejemanejes de algunos cargos públicos que, tal como comprobamos a diario, consideran la política como delincuencia organizada, solo que con otro nombre. El cóctel de impunidad y soberbia con que se ha manejado el poder produce repeluznos, y de ahí lo furibundo de una campaña electoral marcada por esa acreditada filosofía que consiste en difuminar y emborronar. Les voy a contar un caso real como la vida misma, que pone de manifiesto lo duchos en trapacerías que son algunos. Vivo en la noble zona delimitada por el romántico paseo de la Condesa, una barriada habitada mayoritariamente por gente mayor, acomodada en lo económico y cuya orientación ideológica se encamina más bien hacia la cruz que en dirección a la hoz y el martillo, por así decirlo.

Emulando a la Mano Negra, aquella banda que protagonizó un fangal de bajezas, cierto vecino se dedica a introducir en los buzones un anónimo que alerta sobre los peligros de votar a la oposición. La Mano Carca, digámoslo así, debió ser compañero de pupitre de Pedro Picapiedra por la tosquedad mental y lo burdo de su letra, en lo que parece un exorcismo más que un vaticinio: “Si quieres pasar hambre y miseria vota a la izquierda”. ¡Carraspa! Como para ponerse a rezar el Jesusín de mi vida… Tomo un café con mi amigo José Antonio Díez, cabeza de lista de los socialistas leoneses, y le cuento lo de la Mano Carca. Echamos unas risas, claro, y me asegura que, en caso de victoria, no piensa levantar guillotinas en Santo Domingo. Acabáramos.

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