TRIBUNA
Podemos (ke ta lipá)

S i hubiera que calificar a ese nuevo partido llamado Podemos, podría hacerse con precisión desde el concepto de la impaciencia juvenil y su negativa radical a aceptar la pasividad en lo tocante a la marcha de los asuntos públicos y el estado prolongado de la crisis social. Su impaciencia juvenil es muy loable. No obstante hay que señalar algunos matices muy curiosos que explican algo de su éxito y mucho de sus intenciones.
Tiene este partido un indudable gesto mesiánico que, fiel al viejo comunismo, toma de la Iglesia la idea de un «hombre nuevo y un tiempo nuevo» así como la de que «el reino de los cielos sufre de violencia y los violentos lo conquistan por la fuerza». Que el jefe del partido cite ese versículo de Mateo 11-12 es toda una declaración de intenciones.
Ese gesto de impaciencia está también en la sigla de Siriza, el no tan nuevo pero sí joven partido radical griego, que ha alcanzado el poder. En ella encontramos ya concomitancias con Podemos cuyo nombre es más estimulante y oculta mejor su origen. Siriza es sigla que se descompone de la siguiente manera. Si –sinaspismós- frente o coalición. Riz –rizopastiquís- radical. A –aristerás- de izquierda.
En las tres palabras está viva la impaciencia (tic, tac, tic, tac). El primer paso es coaligarse porque la unión hace la fuerza que exige la conquista; por eso estamos ante un frente o coalición de partidos (en Grecia todos comunistas menos uno); su radicalidad habla de intolerancia con la situación ciertamente intolerable en que el bipartidismo y la corrupción dejó a ese querido país; y «de izquierdas», porque la rebeldía siempre se ha situado a la izquierda del padre, llámese este Jesucristo Juez, o César, Kaiser y Zar cuyas tres formas vienen de la misma raíz latina. Izquierda es palabra del vasco-ibero y significa mano torpe, tuerta o torcida. Torpe o torcida, es mejor que siniestra que sería la normal raíz latina y es adjetivo que la izquierda no vacila en aplicar torcidamente a las derechas y la derecha tuertamente a las izquierdas. Muy interesante también que la rebeldía tenga origen religioso desde que, en el Juicio Final que el Evangelio relata, los rebeldes fueran colocados a la izquierda del juez para mandarlos al infierno ¡esos malandrines llenos de soberbia, vayan con Satán el rebelde por excelencia!
La rebelión contra el Estado… de cosas establecido e inmóvil, está inscrita en el alma de estos partidos cuya analogía con la religión cristiana es innegable. Quiero decir y repetir que estamos ante una coalición que tiene creyentes y que no admite discusión en los dogmas. En Podemos, la marcha de Monedero confirma lo que digo. Cuando el partido se establece en acto de fuerza, el crítico «intelectual» (sin ironía) sale por la ventana, amablemente. Y es indecente que el intelectual acepte la excomunión y suavice el tono de su crítica para mejor servicio al partido.
En su «crítica de la filosofía hegeliana» el joven Marx definió con claridad el imperativo categórico del activista que cito con Sloterdijk: el activista «tiene que dar un vuelco a todas las relaciones sociales en las que el hombre es un ser humillado, esclavizado, abandonado y despreciado». Pronto «el hombre» de Marx es sustituido por «el proletario», luego por «el pueblo» (con el que la izquierda nos ha machacado los oídos durante el siglo XX), y cuando se toma conciencia de que el discurso sobre el pueblo es «populismo», esta izquierda substituye «el pueblo» por «la gente»: «la gente está harta», «la gente carga con todo», «la gente no puede soportar más» y —la estrella de estos esloganes— «la gente lo está pasando mal».
Este movimiento Podemos, tiene una mirada optimista sobre el futuro. Hay que reconocerlo. Pero el futuro, como el Reino, debe tomarse al asalto (no es vano que su jefe —y uso esta palabra «jefe» con intención— regale al Rey la serie Juego de Tronos); si es necesario ponerse la careta de la Democracia o la Monarquía para tomar el Reino, se la ponen. Testigos son los medios de comunicación, de la desvergüenza con que el Gobierno venezolano usa la palabra democracia.
El sistema que nos ha llevado donde estamos no debe sostenerse sino eliminarse, y se hará por votación, previa actividad persuasiva. La convicción se obtiene en los mensajes de pureza que se lanzan en las redes sociales, muy, muy simples para que calen fácilmente en la juventud más joven y en la difusión de la creencia de que la verdad sale de la asamblea (interesante que esta idea sea también evangélica: «siempre que os reunáis en mi nombre yo estaré entre vosotros»). Y si hubiere denuncias de algunas conductas, el victimismo es una salida evangélica también: «bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo».
Como si se tratase también de la religiosa Comunión de los Santos este tipo de comunismo rechaza todo lo privado.
En fin. Es agradable ver una juventud inconformista (siempre ha sido así) que reclama protagonismo y poder. Produce algo de ternura la propuesta un poco ingenua de los jóvenes profesores que, con muy poca finura y notable déficit intelectual, confunden el aula con la sede, la clase didáctica con el mitin y la formación de los alumnos con la ideologización política de los mismos a base de simplezas que llaman ideas fuerza; produce perplejidad ver que los profesores, doctores y doctorandos disimulan su precariedad intelectual con el gesto amigable y adulador de «somos jóvenes», dirigido a sus alumnos. Pero habría que pedirles moderación, pasito breve y adquisición intelectual de utillaje político-económico suficiente para acceder a puestos de poder que requieren pies de plomo. Varufakis, el ministro griego de indudables cualidades, es el mejor ejemplo de las dificultades que acarrea hacer promesas muy difíciles de cumplir, por las condiciones mismas de la realidad económica y social europea.
Pero hay verdades que estos partidos han puesto de forma inquietante bajo el foco de luz de un escenario: la estupidez de un bipartidismo griego o español, que al grito de «tolerancia cero», ha sido tolerante y aún simpatizante con todo lo intolerable; que no ha sido capaz de imponer una estricta ética vigilante de la grave enfermedad que, más que corrupción, es gangrena, y necesita cirugía agresiva (y quimioterapia dura); que es incapaz de sentarse a estudiar un modelo educativo sin pasión partidista y ha cedido a la demagogia de simplezas pedagógicas de todo tipo; que ha cautivado con subvenciones la libertad de voto; que no ha sabido cerrar la hemorragia de un gasto público disparatado; un gasto que vuelve pobre al que genera la riqueza y lo manda al paro. Ktl, ktl(es sigla griega y se lee «ke ta lipá» y equivale a nuestro etcétera.) Pues eso: etc. etc. ktl.