Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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T ambién en política, si te pones de pacto conviene tener cerca una experimentada comadrona. Un alumbramiento exige, seas o no partido primerizo, mucho más que empujar. Por ello, resulta tan importante acertar con quienes se ha delegado para llevar las conversaciones, que no serán fáciles. Las personas concretas y sus virtudes son fundamentales para conseguir acuerdos, pero aún más para después mantenerlos. En el Ayuntamiento de León hubo un político leonesista que a lo largo de la semana amagaba varias veces con romper el pacto de gobierno, siempre por un quítame allá esas pajas. Era de biorritmos rugidores. Al final, sus socios terminaron por cogerle el tranquillo, pero fue a costa de terminar ellos mismos con los biorritmos dando brincos por las esquinas. Pedirle amor a un pacto político quizá sea excesivo, bastaría con mutua lealtad y coherencia entre las partes. La estabilidad de un gobierno no puede depender de con qué pie se ha levantado hoy Fulano. Un pacto conlleva un compromiso de lealtades; si éstas vienen siempre de un lado no durará. Obliga a los integrantes a actuar con recíproco respeto. Aunque cómo no comprender que haya quienes, al llegar a casa, añoren la mayoría absoluta perdida y se les escape una lagrimita. Pero la nostalgia debe durar un momentín. La gestión política es un aquí y ahora de futuro.

A los tratantes de ganado les bastaba con apretarse las manos. Era el de ellos un acuerdo sin rúbrica, basado en la palabra. En los pactos políticos, como nadie regala nada, antes de comprar el caballo hay que mirarle bien el diente. Pero una vez hecha con rigor la inspección, no debe estarse después todo el día sacándole defectos al cuadrúpedo.

Pactar exige integridad y conocimiento de la condición humana, cuando no se concibe como un mero «reparto de cromos repes». No sirve cualquiera, hay que aplicar ingeniería emocional. Por ello, si se necesita un negociador con tacto más no vale no mandar a ese Mourinho que hay en todos los partidos, sino al Del Bosque. Lo importante es que cada pacto llegue con un pan debajo del brazo. ¿Chapata? Da igual señora, como si es un colín, siempre que provenga de horno conocido. España entera se nos ha puesto de pacto. Y León, también.

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