Diario de León
Publicado por
Francisco Javier González Rojo
León

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A quella sociedad en la que la mayoría de sus miembros ve solo lo que tiene delante y no lo que se esconde detrás la podríamos percibir como una sociedad cegata; lo mismo se contemplaría cuando solo distinguen lo nimio y no reconocen lo importante de lo que observan.

Desde otro punto de vista, cuando se les muestra el pesebre para ocultarles y no miren lo que hay por fuera de las extremeras se la podría revisar como una sociedad manipulada. Esto me trae la imagen en que Serrano, responsable contable de empresa, en la cincuentena, bajito con poco pelo y gafas de pasta del tono de su traje desapercibido marrón a rayas sobre camisa beige y corbata a juego, trabajador puntilloso y esmerado y sensación de persona sencilla y bonachón, le refirió, sobre lo que comentaban, a Trujillo, consultor externo de treinta y tantos, gafas destacadas de pasta negra, pelo lucido y aplastado por la gomina, traje azul claro, camisa blanca bien planchada, gemelos aderezados y pisacorbatas para una de rojo vistoso, con gracejo y rápido y de aires sobrados: «o soy tonto o no me entero», a lo que el otro con una risita mirando al tendido le apostilló: «o ambas cosas». Para el caso, una sociedad tanto cegata como manipulada es una sociedad intelectivamente ignorante.

Ignorante..., ignorantes cuando lo malo se le carga al ‘pequeño Nicolás’, a lo suave, un pícaro fantasioso o, al extremo, un delincuente fantástico o un fenómeno, según como se quiera, siendo lo realmente grave que este país esté protegido por unos servicios de inteligencia nacionales que no se enteran de que un personaje de tales habilidades se les cuela en el besamanos del rey.

Y daño..., daño social no parece haber hecho mucho, si acaso, beneficio por evidenciar lo que se tiene y pocos se percaten. Para daño social y delito público el de los componentes del equipo de administración de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, aprovechándose del dinero de todos, mientras ella, en el mejor de los supuestos, no conocía ni lo que hacían los dirigentes de su equipo que ella escogió y con el que se rodeó y, aún así, pretende que los madrileños se crean que después de haber hecho unos cestos no va a saber hacer otros cientos.

Y sí, del dinero de todos, porque ese dinero no es de la Comunidad de Madrid o de la Junta de Castilla y León o del Ayuntamiento, por mucho que anuncien y anuncien y a costa de publicitar y publicitar que las inversiones, sobre todo inversiones y no el gasto (del gasto y del dispendio nunca aclaran nada), las financian esas instituciones y no los tributos que pagan los españoles.

Y pensar…, pensar que los políticos, que se creen sus dueños, que cuando se vuelven a presentar a unas elecciones van a ejecutar en los próximos cuatro años lo que prometieron y que no llevaron a cabo en los ocho perdidos anteriores es como cerrar los ojos cual perro «canelo» durmiendo la galbana de una tarde calurosa del verano.

Aunque se den las vueltas que se quiera, la ignorancia facilita la manipulación y la manipulación acrecienta la ignorancia.

Creer…, creer que todos los males de España son de la política, es mucho creer; lo serio, lo realmente serio es que la política es la muestra de esa nuestra España nuestra y de sus defectos que se han convertido en culturales una vez asumidos por la mayoría de los que la habitan; porque aquí…, aquí se achaca la mala administración de una comunidad de vecinos a la responsabilidad del administrador, y no, no es tan así, se olvida que la causa sería la gestión del administrador pero responsables son el presidente y la indiferencia por el común de los convecinos.

E indiferencia..., la diferencia en no sentirse propietarios de lo público y de ahí a hacer el tonto, es lo que se tarda en depositar el voto, porque a esos, ¿seguro que a esos que figuran en esa papeleta que introducen en las urnas, quienes los votan, les darían su dinero y sus propiedades particulares para que se las administrasen?; y si no es así, ¿cómo confían en que gestionarán bien desde los ayuntamientos y administraciones el dinero público?, sí, público, suyo, mío y del vecino, de todos; ¡como si fuera del Estado o de los políticos!...

Preguntarse…, preguntarse es de inteligentes y descubrir es de listos y no descubrir por no preguntarse es de babayos; y por qué nadie se cuestiona ¿por qué en la boda del yerno del ex presidente Aznar estaban invitados los cabecillas de la llamada trama Gürtel?; y no es culpar, es sospechar, porque para culpar hay que tener pruebas pero no para sospechar, para sospechar bastan los indicios.

Culpar…, cuantas veces se echan las culpas a quien no las tiene; se culpa a los políticos y gobernantes sin preguntarse si los culpables son aquellos o los votantes que los eligen y o los que los consienten, que si no son culpables son responsables o ambas cosas, o sean unos culpables y otros responsables o todos lo uno y lo otro.

¡Ay de la sociedad astigmática y manipulada e ignorante!...

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