Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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A h, Roma. Este fin de semana, los leoneses conmemoramos la fundación de la Legio VII Gemina. Sin los romanos, aún estaríamos dándole al petroglifo. Sin Roma no tendríamos ave. Y nuestra celebrity Carmen Romana no hubiese podido inventar los calamares rebozados. Sin la romanización, ahora todos seríamos como los vascos; o sea, del Athletic de Bilbao. Los romanos eran tolerantes siempre que les obedecieras sin rechistar. Se dice que fueron los vicios de los gobernantes los culpables de la decadencia de su imperio, tanto como las invasiones bárbaras; bueno, Berlusconi también ha contribuido lo suyo. Hablando de vicios, Kiko Rivera pincha discos mañana en León. Siempre me ha parecido que hay en su popularidad algo de landismo tardío. Es un don Juan postmoderno. Un colega de la radio que le ha entrevistado me decía que al preguntarle sobre su éxito con las mujeres contestó: «Guapo no soy, luego algo tendré». Quizá quiso decir que en un remake de El bueno, el feo y el malo no le darían el papel del primero ni del tercero. Ni falta que hace. Eso sí, según hemos visto en sus últimas intervenciones en televisión, su forma de repantigarse en el asiento no es la más apropiada para una entrevista con el presidente del Gobierno, ni siquiera con el de Turulustán. ¿El yerno ideal? Hombre, señora, eso tampoco. Digamos que en los tiempos de la Legio VII como legionario no tendría gran futuro, salvo que consideremos el foso de los leoneses un destino. Tampoco le vemos en el gótico, currando sobre un andamio de la Catedral. ¿Y de mesonero, con la Pícara Justina? Eso sí. Un clasicum.

Mientras, en los ayuntamientos la maquinaria democrática vuelve a ponerse en marcha. Fue Cicerón quien consideró a la Historia como maestra de la vida. En lo suyo, también Kiko Rivera sabe latín. Al césar lo que es del césar. Llega, ve y vence.

Ahora ya en serio. Mañana, en Solanilla de la Sobarriba, perteneciente al municipio de Valdefresno, organizan dentro del programa de festejos otro encuentro de risoterapia, para así reivindicar «el poder de lo pequeño representado en los pueblos». Dicho queda. Reír es uno de los pocos actos épicos que nos quedan. Humor rima con amor, que es Roma al revés. ¿No es gracioso?

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