LA VELETA
Perdemos en Dinamarca
D inamarca se ha convertido en el gran paradigma del progresismo europeo. La gran construcción socioeconómica del régimen danés fue la ‘flexiseguridad’, un modelo basado en una cobertura integral frente al desempleo, y en unas políticas de adaptación y formación muy activas que aseguran la empleabilidad del asalariado durante toda la vida laboral, al tiempo que rompe la teórica disyuntiva del capitalismo entre libertad económica y seguridad laboral. Según la Ocde y la OIT, este sistema tendería simultáneamente al pleno empleo y reduciría drásticamente los niveles de pobreza relativa.
Dinamarca ha estado muy presente en los análisis efectuados estos meses pasados. Así por ejemplo, en abril, cuando el líder de Ciudadanos Albert Rivera comparecía junto al economista Luis Garicano para explicar las claves de su propuesta económica, afirmaba: «Queremos compararnos con Dinamarca, no con Venezuela, para mirar de tú a tú a los países de Europa». De hecho, Garicano ya había elogiado el modelo danés en su libro El dilema de España, siguiendo la huella de Fukuyama, quien bastante antes había hablado del «camino hacia Dinamarca» para explicar en términos simples los elementos que configuran el éxito de las sociedades: Estado de Derecho, administración imparcial y eficaz y democracia. Un mes antes de aquellas declaraciones, Juan Carlos Monedero, entonces secretario de programa de Podemos, ya se desmarcaba explícitamente del chavismo y declaraba: «Mi modelo electoral es Alemania, el fiscal es Dinamarca, el educativo es Finlandia y el de la regulación de los medios es Inglaterra. Nuestros modelos son europeos», aseguraba.
Pues bien: Dinamarca acaba de torcerse peligrosamente en las últimas elecciones. El cambio no es dramático todavía pero resulta perturbador. Como se sabe, aunque el Partido Socialdemócrata de la hasta ahora primera ministra Helle Thorning-Schmidt ha sido el más votado, con el 26,3%, y a pesar de que el conservador Partido Liberal ha experimentado un sensible retroceso que lo ha relegado a tercera fuerza, será el líder de esta formación, Lars Lokke Rasmussen, quien se convertirá en primer ministro al no haber conseguido el centro izquierda la mayoría parlamentaria. Ello se debe al ascenso muy relevante del Partido Popular Danés que ha subido nueve puntos, hasta el 21,1%, la segunda plaza del ranking. Esta formación, que impondrá su impronta al nuevo Ejecutivo, ha basado su campaña en su oposición a la inmigración y en sus tesis euroescépticas, que proponen limitar el asilo político, imponer un severo control fronterizo y alinearse con las tesis centrífugas de Cameron en el Reino Unido. Visiblemente, la Unión Europea, cada vez más a la deriva, incapaz de afrontar su papel en el mundo, también se ha quedado sin su referente danés.