Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

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T ras la Restauración de la monarquía, dispuesta testamentariamente por Franco, se llamó Transición al período que llevó de un régimen a otro, pero la Transición no fue tanto la conversión de la dictadura en democracia como la de los españoles en pueblo. ¿Cómo se iba a hacer una democracia sin demócratas? La Transición fue la transformación de una mayoría silenciosa en mayoría parlante, y así se expresó, en mi opinión, más que en el referendo constitucional o en las primeras elecciones… en la Movida y sus alrededores. Los jóvenes de entonces fueron los primeros en tomar la palabra, en alzar la voz y expresarse. Aunque no tuvieran mucho que decir, en algunos casos, el hecho es que lo decían, y eso era la libertad. Fueron la minoría discordante, necesaria y altavoz, para el verdadero cambio general. El acelerante del fuego que unos políticos venidos del antiguo régimen tenían entre las manos sin saber muy bien qué hacer realmente con él. De alguna manera, se vieron empujados por una música nueva, fancines irreverentes y nocturnos programas de radio. Con el 23-F se vio que ya no había vuelta atrás: la gente era pueblo. Obra colectiva y de todos, la democracia, el gobierno del pueblo, con sus imperfecciones y su acné adolescente, había llegado para quedarse.

Comienza a hablarse ahora de una Segunda Transición cuyo advenimiento está al caer. El runrún proviene de los partidos detergentes que han aparecido con la loable misión de pasar la fregona bajo las moquetas de un poder que se ha ejercido en muchas ocasiones en interés propio o de los allegados empresariales, demasiado conforme con el delito moral. Más allá de esa catarsis imprescindible y urgente de la vida pública nacional, uno ve difícil ir más lejos por una razón que ya expuso el actor Toni Servillo, el protagonista de La Grande Bellezza: «Tal vez no conseguimos entender las decisiones de la política porque no es en el mundo de la política donde se toman las decisiones». Así de simple.

Por lo demás, está muy bien rejuvenecer la democracia, darle un nuevo impulso, devolviendo la palabra al pueblo, que no es lo mismo que a la calle aunque a veces lo parezca pues la «Movida» de esta anunciada Segunda Transición sería la acampada del 15-M en la Plaza de Sol. Aunque igual es tan sólo que, como en los anuncios, vuelven los 80, o su nostalgia, todo revival y década prodigiosa. Qué tiempos aquellos…

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