Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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U na amiga me cuenta indignada, despedía humo, que ha escuchado a un psicólogo afirmar en la radio que la culpa del fracaso escolar la suelen tener los padres. ¿Los padres del cordero? pregunté perplejo. Estuvo en un tris de llamar al programa, y no para pedir al susodicho la dirección de su gabinete. ¿Que haya mozos y mozas que no puedan citar dos obras de nuestra literatura pero sí cuatro marcas de birra es culpa de sus progenitores? Ay, cuánto daño hizo Albert Hammond con su Échame a mí al culpa de lo que pase . Sentó un peligroso precedente. Tampoco debe demonizarse al sistema educativo, aunque no le vendría mal un exorcismo. Escribámoslo ya: existe la responsabilidad individual del estudiante. La culpa del reciente macro botellón es de quienes acudieron, incluso oponiéndose sus progenitores, pero también habrá que preguntarse por qué se les vende alcohol a menores o se les deja entromparse en espacios públicos. Otra madre me contó indignada hace poco: «Cuando le pido que estudie me suelta que no me ponga histérica, que sólo aprueba los exámenes que prepara un día antes». Les digo eso a mis padres y me venden a los mercaderes de Egipto, a ver si llegó a faraón. Pero aún más indignado lo estaba un señor a quien le escuché contar a sus contertulios, por encontrarme cerca: «Le ordenó el profesor que saliese al encerado y mi hijo le contestó ¡no!». Uno de ellos añadió: «Contesto así a mis profesores y todavía me duele el sopapo». Y otro: «Pues yo primero le mando al psicólogo y después todo el verano a remar con Ben-Hur». Con los resultados electorales pasa algo similar, algunos partidos llaman notables a los suspensos recibidos. Pero si la criatura sembró calabazas, ¿cómo va a cosechar caviar? Hasta el mejor huerto tiene sus limitaciones.

Las malas notas no son culpa de los padres, salvo de esos que tendrían que estar expuestos en el Museo de la Fauna; tampoco lo son del profesorado. Algo tendrá que recaer sobre los corderos y las corderas; algo o bastante. Aunque cada suspenso es un mundo con su propio origen y explicación, ayudaría admitir que existe la responsabilidad del alumno. Lástima que la ciencia infusa aún se encuentra en pañales. A ver si para el próximo milenio.

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