Diario de León
Publicado por
leónMarcos Alvarez.Familia de Ángel AlijaleónVega Carballo.
León

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De cuentos y filandones

S iendo yo un imberbe colegial, y seguramente a causa de los desvelos de algunos profesores, andaba ya metido en eso de las lecturas, de los escritos y de las letras. Recuerdo con cariño algunos libro-forums, creo que así los denominada mi profesor de literatura de octavo curso de EGB, en los que después de la lectura de algún texto transformábamos el rígido orden del aula en un parlamento semicircular de la palabra en la que compartir críticas y sensaciones. En uno de ellos, tras la lectura de una breve biografía sobre Miguel Ángel, Alfonso García, que así se llama mi viejo maestro, preguntó sobre quien creíamos que había sido el mayor enemigo del genial pintor y escultor. Yo, ni corto ni perezoso, respondí que el mayor enemigo del artista había sido el tiempo; y creo que la respuesta me hizo ganar algún que otro punto en aquel curso. Hace pocos días, mi profesor, Alfonso García compartía porrón y tiempo con dos artistas de la palabra escrita: José María Merino y Juan Pedro Aparicio. Todos escritores y los tres leoneses; podrían haber sido cuatro, escritores y leoneses, si a última hora no hubiera fallado a la cita Luis Mateo Díez.

Convocados alrededor del aniversario de la mítica taberna leonesa Casa Benito, a modo de Filandón urbano, o moderno como apuntaba alguno de los intervinientes, contaron, cantaron y leyeron cuentos, anécdotas y leyendas que encandilaron a la parroquia que allí se congregó.

Algo debe tener el carácter leonés, o quizás sean sus aguas, o sus vientos, que proporcionan a sus hijos una querencia hacia la narrativa; un gusto por la palabra oral y escrita, puede que herencia de los viejos filandones en los que a la luz del fuego y tras los cristales empañados por las nieves y los fríos se glosaban antiguas aventuras, dimes y diretes de la vecindad o transmitían saberes populares a los más jóvenes. Ese tiempo, enemigo de algunos y testigo de todos, se ralentizó durante poco más de una hora, en la que a golpe de porrón se escucharon, y se disfrutaron, viejos y nuevos textos, se rieron gracias y gracietas a la vez que revivimos esos filandones propios de nuestra tierra.

Recuerdo a Los Rulas

H ace unos 70 años todo el mundo conocía a Los Rulas en el entorno de La Bañeza. Eran una modesta banda de música que durante algunas décadas amenizó todo tipo de fiestas en los pueblos de la zona. Por aquel entonces les acompañaba un chaval, que más de una vez viajó en el portabultos de la bicicleta, sujetando el bombo o los platillos.

La semana pasada falleció aquel niño, ya octogenario. Ángel Alija Vega creció, fundó una familia y vivió de su duro trabajo como carbonero en Astorga sin olvidar nunca la música. Aún el pasado año se le podía ver en la cuesta del santuario de Castrotierra, acompañando el cortejo de vírgenes y pendones con su chifla y su tambor. Colaboraba con el grupo Tornadera, y con ellos recorrió pueblos y ciudades más allá de su provincia. Hace sólo tres meses que grababa para televisión su última actuación en la que explicaba sus recuerdos acerca de la música tradicional de su infancia y juventud.

La familia quiere agradecer a todos aquellos que mostraron su cariño en estos días. También a los medios de comunicación que como Diario de León, han recogido la noticia de su fallecimiento y reseñado su trayectoria en el mundo del la cultura popular.

Lejos de nosotros pensar que era una persona especial: todas lo son para sus allegados. No obstante, sí creemos que formó parte activa de un modo de vida extinto. Su música, como la de otros intérpretes, ayudó a soportar años durísimos para aquellos campesinos cuyo esfuerzo colectivo fructificó en un bienestar del que, con o sin crisis, disfrutamos ahora. Descanse en paz.

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