Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tocará después del maltrato animal plantear batalla por el maltrato vegetal, ¿no?... o ¿es que los vegetales no son organismos biológicamente tan sensibles y claves para la vida como los animales?... diría incluso más, pues sin el reino vegetal no hay otro reino que valga, no existiría. Ya te veo, pues, metido en una asociación que exija libertad para las lechugas y se manifieste a las puertas del súper contra la domesticación del albaricoque o la castración del guisante.

Apresar un arbolito en un tiesto y mutilarle sistemáticamente las raíces y las ramas es tenido por un alarde de sensibilidad y amor a la naturaleza que produce efectos fascinantes, plantas jibarizadas que causan sensación, esos bonsais que hablan bien de sus dueños, almas exquisitas... pero plantas torturadas son... comparativamente, es mucho más cruel y salvaje lo que se le hace a un bonsai que a un toro de lidia.

Que no te vengan, pues, vegetarianos y veganos dándote el mitin con su ejemplar dieta alimenticia y sus anatemas a las carnes y a las granjas y al fuagrás y a los huevos y a la leche... sus vegetales también sufren y los estresan para que puedan llegar a su plato hermosotes y proteínicos... porque los cereales y hortalizas que come el fundamentalismo vegetalista fueron un día salvajes, libres... fue el hombre quien los domesticó poniéndolos a engordar castrándoles su magia natural y apresándolos en un surco (lo que añade secuestro al maltrato)... y los ceba antinatura con basuras y abonos... o los poda hasta la aberración si son árboles frutales o de jardín.

Para que el pimiento morrón salga con peso y con barrigón de odre (bien lo saben en Fresno) hay que rabiarlo, o sea, cuando echa la planta a crecer se le niega riego unos días... y que se joda, que rabie y aprenda a estirar raíces. Puro maltrato es. ¿Y no es también un injerto una perversión genética?...

Y lo peor: comen vivos a sus vegetales... ¡!... o los arrojan al agua hirviendo o a una plancha al fuego sin sacrificio previo, sin aturdirles siquiera para que no sufran esas penas infernales. No tienen voz para hacer oír sus alaridos, pero gritan sus células vivas en el estertor del hervor... o entre tus dientes.

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