Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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H ay algo de incomprensible atavismo, de irracionalidad primitiva, de salvajismo medieval detrás de los incendios forestales intencionados, que son casi todos, y que vuelven en verano a los titulares, inevitables como el turrón a la mesa de la Navidad.

Hay algo tras el mecherazo cobarde de patología enfermiza, de ignorancia profunda del bien común, de mentalidad salvaje y oscura que da miedo. Buscamos el móvil que empuja al ladrón al robo o al asesino al acto criminal y se relaja la inquietud ante la explicación del delito. «Le pudo la ambición», decimos. O: «Se volvió loco y le disparó a bocajarro con la escopeta de caza». Y todo queda aclarado y nos sentimos reconfortados porque somos humanos capaces de comprender que el mecanismo social a veces falla.

Pero no encontramos justificación racional ante al psicópata que enciende la cerilla para destruir en unas horas lo que la naturaleza ha tardado décadas, siglos a veces, en construir. No somos capaces de entender su motivación, su interés, su lógica. Y nos sentimos indefensos. Y eso nos da miedo.

Sigues desde la distancia de una comunidad como la gallega, también salvajemente castigada por esa lepra, el último incendio en el entorno de Vega de Espinareda. Estuviste en primavera explorando esos caminos, anduviste entre pinares y robles, por laderas que caen hacia el Cúa. Y te imaginas ahora esas colinas cenicientas de cadáveres calcinados. Y sigues sin encontrar el motivo del crimen porque no encaja ninguno de los móviles clásicos: intereses de pastos, especulación inmobiliaria, aprovechamiento maderero… Y eso te da miedo.

Las llamas quedaron a pocos metros de las zonas habitadas. Se habla de un frente de tres kilómetros, con un pavoroso espectáculo al avanzar en una zona tan combustible como son los pinares. Parece que el incendio se generó desde cuatro focos distintos y que previamente se vaciaron depósitos de agua dispersos por el monte, lo que no deja duda sobre la intencionalidad del desastre.

Sabemos que queda mucho por mejorar en materia de extinción de incendios forestales pero también que es inútil el esfuerzo si los bosques no son aprovechados por la población, si no se limpian en primavera, si una ganadería que no existe no la desbroza de forma natural y a tiempo.

Leo que el alcalde de Vega de Espinareda, Santiago Rodríguez, reclamó a los autores del incendio que «sean capaces a pensar un poco con la cabeza en el gravísimo daño que pueden originar con sus acciones». Es, reconoce, la misma petición que había hecho «el año pasado y el anterior y el anterior». Pero, resume el alcalde: «La triste realidad es que parece que esto es como predicar en el desierto». Un desierto que da miedo.

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