AL TRASLUZ
No se toca
E n política, no puede existir la delincuencia de guante blanco, esa de las películas. La corrupción del político siempre es grosera y de garito, aunque haya quienes levantan el meñique al firmar la apertura de una cuenta secreta en Suiza. Ahora bien, en todo hay clases. José María ‘el Tempranillo’ jamás hubiese dicho que estaba en lo suyo para «tocarse los huevos»; no se tiró al monte para contemplar el paisaje, fue un currante del trabuco. En cambio, José Miguel Moreno, ex alcalde de Valdemoro y ex diputado regional, sí se ha estado tocando sus partes, según él mismo afirmaba en una conversación telefónica con el constructor presunto cerebro de la Púnica. «Estoy tocándome los huevos, que para eso me hice diputado», le dijo. Ni siquiera tuvo el decoro de llamarlos testículos. El PP le ha expulsado de un puntapié. Moreno ha pagado hace unos días 100.000 euros de fianza para evitar ir a la cárcel, por lo que se deduce que los suyos los tiene chapados en oro, como los macarras triunfadores. Pero a su comentario soez con el empresario aún le quedaba el remate: «Bueno tío, pues nada, prepárame la pasta, que me voy de vacaciones». Eso es porno y no Robinson y las siete náufragas . Tampoco las trascripciones de las conversaciones de los implicados en León denotan finura dialéctica alguna. La corrupción es siempre cutre, incluso cuando mueve millones de euros. Sólo el bien es elegante.
Frente a tan sucia verborrea, me viene a la memoria el noble anhelo expresado por el presidente de nuestra Diputación, Martínez Majo, en una reciente entrevista concedida a este periódico: «Espero, deseo y pido a Dios que nunca más haya un caso de corrupción». Desear que no la haya más es el primer paso para impedirla. Las palabras de Moreno han sido una ofensa a los políticos que a diario se esfuerzan por hacer una sociedad mejor, que son la mayoría. No cabe sorprenderse del lenguaje chabacano que empleaba con el igual, aunque repugne su perversa desfachatez. La corrupción no da para más, es así: sucia y fea. En política no hay ladrones simpáticos, con George Clooney como jefe de la banda, tal Ocean’s Eleven. Sólo cabe cantar con Serrat: «Niño eso no se dice/eso no se hace/eso no se toca».