AL TRASLUZ
A lo bestia
C afé, copa, puro y danza del vientre. Así cerraban sus comilonas los organizadores de la trama Púnica. Lo raro hubiese sido que las cerrasen cantando gregoriano, para que nos vamos a engañar. «Llama a la Tetas y que se traiga amigas, por si hacen falta», se dice en una de las conversaciones telefónicas que ha reproducido la revista Interviú. Los negocios sucios se rematan mejor en caliente. A lo bestia. No obstante, que a una señora o señorita la apoden la Tetas no debe llevar a conclusiones precipitadas, pues eso de los motes se presta al equívoco. En la mili, conocí a uno al que apodaban «el Lumbreras». ¿Por ser muy listo? No, porque hacía culturismo. Lo único que podemos dar por sentado de ella por su apodo es que se dedica a las relaciones púnicas; todo lo demás, son elucubraciones capciosillas. Ya lo dijo Guerra, el torero no el político: «ca uno es ca uno y tiene sus caunás». Tan sabia afirmación viene a significar, pues admite diversas traducciones, que todos somos muy nuestros y tenemos nuestras cosinas; aunque, visto lo visto, unos más que otros, algunos incluso en demasía.
Antaño, por estas fechas un periodista se veía obligado a salir a cazar serpientes de verano, que era como se llamaba en el oficio a las noticias alargadas, cuando no había otras que echarle al lector; eso o inventarse una invasión de ovnis en Villalfeide. Hoy, en cambio, ya no es necesario recurrir a la fauna de ficción. El Seprona y la Guardia Civil requisaron ayer un cocodrilo de Nilo, en un circo en Val de San Lorenzo. ¿Era muy grande? A juzgar por la fotografía, lo suficiente como para que si te muerde no te apeteciera volver a ponerte el Lacoste; te pasas ya al Fred Perry. Así comienzan muchas películas de terror de serie B, que son las mejores: con una cría de animalín salvaje que se escapa y luego tiene una adolescencia voraz y respondona. En León no podemos aceptar cocodrilo como animal de compañía. Se siente.
Pero les escribo muy contento pues vuelve el fresco, en la primera acepción del diccionario de la Academia. «León en agosto, frío en el rostro», se decía antes en los pueblos. Ayer volvimos a tener un agosto medieval, que es lo nuestro. Agosto con bestia y un fresco decente. Tal este.