FUERADE JUEGO
Por Justicia
Le llamábamos ‘quevosdenuncio’ porque eso nos gritaba al perseguirnos porque volvíamos a jugar al balón en la acera como cada día. Era compañero en los municipales de Ponferrada de aquel que ya fuera de servicio zanjaba las discusiones en Las Cuadras con un vino en la mano y la pistola en la otra. Pero el entonces alcalde, y ya se elegían en las urnas, lo veía normal.
Recuerdo que por aquel entonces otros iban en moto vestidos de verde y se afanaban en desequilibrar las economías familiares. Tenían un gorro muy raro que reservaban para salir en la tele enterrando a compañeros asesinados —algo habrían hecho— o para gritar lo de ‘quietotodoelmundo’ en aquella imagen que tanto inquietaba. Y qué decir de los otros, de aquellos denominados ‘grises’, culpables de nuestra falta de libertad según unos mensajes sobre los que parece que nunca se acabará el eco.
El paso de los años le cambia a uno muchas cosas, hasta las amistades que frecuenta. Y se entera de que Javi, que mira que no enredaba, está ahora en el Seprona. Y acaba compartiendo confidencias en las largas horas de espera hasta que concluyen los cumpleaños de los hijos o codo con codo siguiendo un partido en una ciudad en la que el mejor deporte que puede elegir un niño siempre será el indoor.
Y descubre que el grueso de las policías españolas lo componen hoy personas que no habían nacido cuando se selló la losa del Valle de los Caídos o que como mucho gateaban. Que incluso entre los mandos más elevados están quienes andaban por las academias cuando les cambiaron de jefe supremo.
Ahora que se habla tanto de los relevos generacionales quizás haya uno muy importante que se ha producido sin apenas hacer ruido. Como tampoco lo hacen al apretar los dientes cuando les toca escuchar que se les acuse de todo incluido evidentemente lo de Manolete: «Y eso... de quienes apoyan sin rubor dictaduras...». Alguno incluso confiesa que lo más doloroso es la indefensión porque sólo el día de las medallas les miran cara a cara los que en realidad les mandan.
Ayer fue un día de dolor y de reconocimiento. Ha pasado un año y el recuerdo de Emilio, Marcos Antonio y José sigue muy presente entre los suyos. Son el mejor reclamo a la sociedad de una necesidad que plantean en voz baja desde todos los cuerpos. La democracia española necesita normalizar su relación con ellos. Es de Justicia y por el bien de todos.