LEÓN EN VERSO
Pisos céntricos
B ueno será ver qué cara ponen los investigados (imputados, antes de que la ley de enjuiciamiento criminal aliviara conceptos para evitar sonrojos frente a la opinión pública) cuando su señoría pregunte cómo fue para aprobar la refinanciación de deuda a las empresas del señor presidente, y si esa determinación pudo estar influenciada por ciertas relaciones de interés económico que aún permanecen ocultas a los ojos mortales; intriga el sofoco que vaya a sufrir el consejero equis cuando afloren los pisos céntricos que adquirió a precio de ganga en el centro de León, (que no es lo mismo que céntrico en el centro de Sobrepeña, por ejemplo, dicho esto con el máximo respeto y consideración para las gentes que aguantan tanto olvido y desprecio institucional en los puntos más recónditos de la provincia) que levantó con esfuerzo indudable y vocación emprendedora cualquier sociedad del señor presidente, luego intervenida por la ley concursal, atollada en una ciénaga de impagos y deudas a los que abocan los trompicones que se suceden cuando la aventura subvencionada se expone a la realidad que pintan diez mil millones de pesetas en créditos preferenciales que salían de la trastienda de la caja como conejos de la chistera en vez de la ventanilla de riesgos crediticios, como los que empeñan a los mortales. Esta procesión de insolencia erosiona todos los vínculos sociales en los que había espacios de tolerancia entre los que viven del status quo y quienes lo sostienen. La última esperanza de la gente anida en los jueces y fiscales. El castigo de las urnas ya no es suficiente. Sobre todo para los elementos ajenos a la actividad política profesional que se han lucrado de su condición privilegiada en el acceso al dinero, los que transgredieron el fuero para enriquecerse y engrosar su capital hasta rayar la indecencia, y además se permiten el lujo de alentar ahora su doble vida con pancartas y lecciones de honestidad a la sociedad y a los sectores que gestionan, que dan voz e instruyen. Ésos, y no sólo los políticos, son los que han puesto el sistema de convivencia al borde del abismo. Y ahí siguen. Hasta que el fiscal los acorrale con sus preguntas inquisitorias de interés general sobre los pisos de lujo en el centro de León, que adquirieron a una de las sociedades del señor presidente que se iba a rescatar con dinero fácil concedido desde las sillas de consejeros. Igual no se ponen ni colorados.