Diario de León
Luis Urdiales
León

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Septiembre siempre es el comienzo de algo; como génesis de historias y como fin de trayecto. El año hidrológico, por ejemplo, que llega al recuento de ejercicio con un déficit de precipitaciones que ponen en ciernes el debate de que algo pasa con el clima, cicatero con las lluvias en territorio leonés, habituado a apagar la sed polvorienta del verano con más de ochenta litros, según la costumbre registrada en los pluviómetros desde el mundial del Naranjito a esta parte. Año económico también, que se suele estrenarse con papás y mamás en apuros mientras silabean el recuento de billetes que no tienen para certificar que la educación puede ser buena o mala, eficiente o inaccesible; pero no gratuita. Septiembre enciende los años políticos, ilusiones que antes se representaban en el Rodiezmo perdido de la peregrinación socialista entre la muchedumbre y el bufido del helicóptero presidencial sobre el valle del Casares. Agotada aquella fórmula que más acercó el zapaterismo a la gente, el aliciente político se resuelve en capítulos particulares; en la gestación y parto de una moción; en los pizzinis que se deja por las esquinas la oposición de Villaquilambre, a ver cómo le arruina el otoño al alcalde del PP, que ganó holgado en las urnas de mayo, en primavera, que no deja de ser otro comienzo, aunque más efímero que la obra que construyen los sanmigueles leoneses, como la pación y la fruta camino a los lagares. En Villaobispo y Navatejera te dan con el café azucarillos que llevan impresa la quiniela de combinaciones para la mayoría aritmética. La moción se masca con la tapa, a modo de sondeo a pie de calle, para que el ciudadano asuma que habrá un vaivén antes de los Santos. Ni confirman los jefes izquierdistas, ni desmienten los del partido comodín que, ya se ve, vale igual para zurcir en la capital leonesa que para remendar en lo más florido del alfoz. La revolución naranja aporta ese gran invento de la ideología transgénica para asegurar travesías con vías de agua en la canoa. Esto de la modificación genética, lo híbrido, permite volver hasta del ridículo, el único lugar que no daba segundas oportunidades en la vida pública. El que fracasó en el proyecto de controlar el entorno desde la cabecera de una lista municipal regresa con un intento furibundo de llegar al poder a través de la cámara de comercio. Próximamente, estreno del tráiler en los medios amigos.

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