Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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Tienen su encanto. Tocan la fibra de quienes con pantalón corto de pana nos alimentábamos con cremas Tulicrem o chateábamos con ‘butanos’, y algo más, con la aspiración de hacer un inocente aparte entre los negrillos de los ‘Praos da Fonte’—cuando el ‘chateo’ no incluía la intermediación de meretrices del tipo Asheley Madison— . Tienen sabor a verbena de las de antes. De las de baile agarrao y gaseosas con bola de anís que se disolvía al entrar en contacto con el efervescente líquido. Mesas de madera. Luz tenue. Sonidos de jazz. El frescor de la hierba...

Pero aquí se acabó el romanticismo. Aquí llegó a su fin la nostalgia, para despertar con un baño de realidad. Un cubo de agua fría que te devuelve al parque del Plantío cuando te habían hecho creer que te habían transportado en camioneta gastronómica al mismísimo Central Park. Entonces te das de bruces con una realidad que se escribe a siete euros por barba —en el mejor de los casos—, sin hacer distingos de edades, credos o razas.

Te das cuenta de la moda gastronómica capitalina deja poco lugar a las aventuras culinarias. Así que tienes todas las papeletas para terminar metiendo entre pecho y espalda una burguer o un perrito, que por el precio, por lo menos podía tener ‘pedigree’.

Empiezas a hacer cábalas, en principio sobre el pedido, luego sobre cualquier cosa que te ayude a sobrellevar la espera. Y créanme que los más de cuarenta minutos aguardando a que te llegue el turno dan para que la imaginación salga de paseo unas cuantas veces —y así fluyan reflexiones del tipo: ‘cuántos de los que han estado soportando la tediosa espera sin inmutarse, ya se la habrían montado al camarero por no haber tomado nota todavía de su pedido’— . Y terminas cayendo. Más que nada por exclusión. Burguer.

Ya con el trofeo en la mano y el estómago en el suelo, llega el último reto: hacerte con una mesa. Misión imposible pues en el tiempo que has estado de espaldas al tendido, el aforo se ha completado. Con lo que no te queda otra que hacer equilibrios con la food, la drink y el pequeño al que ya le ha vencido el sueño. Así que lo que antes te parecía hermosa fresca hierba, ahora preferirías que estuviese seca para poder darle un mejor uso.

PD: A quienes vivieran una realidad distinta, espero que les haya aprovechado. Seguro que tienen posibilidad de repetir.

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