Diario de León
Publicado por
manuel alcántara
León

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L os que huyen de la guerra y del hambre, que siempre van de la mano, tienen suficientes motivos para llorar, pero en previsión de que llegara a escasear el «don de lágrimas», les están bombardeando con gases lacrimógenos. Medio mundo quiere poner tierra por medio del otro medio, aunque sea tierra quemada, para escaparse de la represión y de la violencia, que es como llamamos a los asesinatos que se consienten en nombre de las patrias, que ya no las conocen ni la madre que las parió, porque sus hijos y los hijos de sus vecinos las han traqueteado mucho. Siempre ha sido la misma, idéntica a ella misma, la forma de hacer política: hacer la guerra. Lo demás son ligeras variantes, como la que desea introducir el nuevo líder laborista: Jeremy Corbyn, que también se apoya en los indignados para asegurarse una amplia clientela. Corbyn no tuvo que abuchear ningún himno. Le bastó con no cantar el himno nacional en la catedral de Saint Paul. Los disidentes españoles lo tienen más difícil, ya que no saben guardar las formas ni guardar silencio. Se echa de menos un líder mundial mientras la globalización crece. No a todo el mundo le gusta Obama, que ha defendido ante el Rey una España «fuerte y unida», que es una manera de decir «una, grande y libre», pero a condición de que las tres cosas sean de verdad. Para intentar conseguirlo, nuestro ministro de Economía, Luis de Guindos, se ha ido de excursión, o se piensa ir la semana que viene. Su propósito es calmar a los inversores, que están nerviosísimos, aunque no tanto como los que lloran en las alambradas. Todos quieren llegar a Alemania, aunque tengan que dar un rodeo por Eslovenia. La cosa es comer, aunque se coma cualquier cosa. España, que está calculando cuántos refugiados le caben, sigue siendo muy alabada. Aplauden nuestro crecimiento económico al mismo tiempo que

nos piden nuevos ajustes. Así cualquiera.

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