Diario de León
Publicado por
Lorenso Silva
León

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P rimero dijeron que era un irresponsable. Días después, cuando tuvo que firmar lo que le pusieron delante para evitar la quiebra de su país, no pocos de los suyos le llamaron traidor. En los últimos días se le daba por electoralmente muerto a manos de su rival de la reconstruida y de pronto crecida derecha. Pues resulta que no. Que Tsipras, primero plantándose ante Merkel, y luego sometiéndose a ella porque no le quedaba otro remedio, pero sin abdicar de su discurso contra la medicina única que dispensan los laboratorios alemanes, ha logrado el más difícil todavía. Le ha doblado el brazo al nuevo paladín que la derecha de su país envió para rematarle, en la creencia de poder hacerlo con facilidad una vez descabalgado, y que ahora está lamiéndose las heridas en el mismo rincón a donde fue a parar su predecesor. Y al mismo tiempo, y casi sin despeinarse, se ha deshecho de todos los críticos de su propio partido, esos que se pusieron estupendos y farrucos cuando él se rindió a la evidencia inapelable de las bayonetas financieras germanas. Formaron un partido nuevo, con la esperanza de desbancar al supuesto renegado. El resultado no ha podido ser más desastroso: el voto ciudadano los ha dejado fuera del Parlamento, y he aquí que Tsipras tiene hoy una mayoría muy semejante a la que tenía, con la diferencia de que se ha librado de todos los cascarrabias. Va a ser que no estaba tan loco, ni tampoco tan muerto.

Aunque saltan a la vista sus inconsecuencias, entre ellas la de gobernar en alianza con unos conservadores empeñados en mantener el gasto militar que Grecia dudosamente puede permitirse, mientras se recorta de todo lo demás, Tsipras se ha ganado con su probada capacidad de supervivencia el respeto de propios y extraños. Lo que tiene por delante es algo tan poco airoso como hacer a toda prisa los deberes que le han puesto desde Berlín, vía Bruselas, pero no hay que desdeñar su papel como irrelevante. No es lo mismo que esa tarea fatídica la cumpla alguien como él o uno de los que desde siempre cortaron en Grecia el bacalao. Los griegos tienen ante sí días duros, pero también a alguien que, si cumple lo que dice, no está por la labor de cargar en la cuenta de los de siempre todo el peso de los ajustes, y que con ese talante usa la tijera y la máquina de subir impuestos. Sería toda una paradoja que el irresponsable recondujera el desbarajuste griego. Más de uno querrá que no lo consiga.

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