LA LIEBRE
Cómo vienes
Maliciábamos ya que el tren de alta velocidad no lo sería tanto, puesto que lleva ocho años parado en Valladolid, cuando de repente se anuncia en vía uno, justo ahora que se avecinan las elecciones. Llega el AVE como los trenes de los tópicos, cargado del ansia de no perderlo y el fastidio del retraso, y no sabemos de momento si ponernos a servir o pedir criada ante el desarrollo que se anuncia que vendrá montado sobre los raíles. Pero lo importante es que ya está aquí el AVE, como se encargan de calmarnos quienes arrastran más de 13 años de vocear que andaba a la vuelta de la esquina, que si mirábamos un poco desde el otero avistaríamos el pico del convoy, que tuviéramos un poco de confianza, que nos iba a cambiar la vida.
El AVE desembarca en León de una vez con el mérito de haber sobrevivido a tres gobiernos que lo han baqueteado sin piedad. Una vía que encontró más que muerta Zapatero en los cajones de los despachos de Aznar y que, tras rebasar cien estaciones del BOE, quedó varada en el cambio de agujas de la entrada de José Blanco como ministro de Fomento. Ahí, en la primavera de 2009, se paró el impulso para que el hombre de confianza del presidente descapitalizara el ministerio con el objetivo de primar a la alta velocidad gallega y, en vista del naufragio socialista, poder presentarse a finales de 2011 con la línea Orense-Santiago bajo el brazo para optar a la presidencia de la Xunta. Cuatro mil millones se desviaron en el empeño, mientras los taludes de la línea Valladolid-León se llenaban de maleza. Los mismos millones que ha metido Ana Pastor para la alta velocidad con destino a su tierra en estos últimos cuatro años. Fondos sin freno, al tiempo que ventilaba con galvana los contratos de superestructura que quedaban para completar el trayecto hasta la capital leonesa, pero a cambio condenaba el desarrollo a una sola vía, olvidaba para que se construyó el edificio del Centro de Regulación y Control de la alta velocidad, enterraba con la ayuda de la Junta y el Ayuntamiento el polígono ferroviaria y la plataforma logística de Torneros, donde se consagraría la fuerza de los talleres como referentes del noroeste, y jugaba a desdibujar la integración sobre el papel para jibarizarla.
Viene el AVE. Más o menos como llegaba yo de madrugada los fines de semana, cuando me recibía mi madre con el desayuno puesto, tranquila porque, por lo menos, llegaba.