León

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L e propuse a mi mujer: «como hoy es jornada de reflexión en Cataluña, vámonos a Burgos a conocer el Museo de la Evolución Humana». De repente, sentí la necesidad de confirmar quién soy, de dónde vengo y a dónde me dirijo, a ver si así entiendo por qué hay quienes afirman proceder de otra rama diferente a la mía. El pasado es siempre una cura de humildad. No hay nada más que echarle un vistazo al currículo evolutivo del homo sapiens. En la noche de los tiempos, utilizábamos sólo el verbo «grumff grumff» y, 200.000 años después, nos hemos levantado teniendo AVE en nuestra ciudad. Gran prodigio. A juzgar por los huesos hallados en Atapuerca, la carne de tigre lanudo debió de tener proteínas del tamaño de una sandía. Nos cundió. ¿Quién soy? Un homo sapiens. ¿De dónde vengo? De una ensalada de pasados. ¿A dónde voy? A cualquier futuro donde se pueda aparcar. Ya una vez fuera del museo, nos fuimos a cazar unas morcillas de arroz. «La nuestra está más rica», habrá saltado enseguida puntilloso mi amigo leonesista. Depende. También en la prehistoria a unos les gustaba miss Paleolítico y otros preferirían a miss Mesozoico.

Nuestro país es consecuencia de un largo camino. Tengo sobre mi mesa «España como preocupación», la célebre antología que publicó Dolores Franco —esposa de Julián Marías— en 1944. En la primera edición, la censura encontró el título algo capciosillo y le obligó a cambiarlo por «La preocupación de España en su literatura». Estaban aún recientes los años de furia. Nuestra democracia surge de una suma de evoluciones, con recaídas y recuperaciones. Pero en 1978, el pez grande no se comió al chico, dialogó con él. Y de esa manera evolucionamos hacia una sociedad mejor: la nuestra. Perfeccionable, pero resultado de energías positivas aparentemente irreconciliables.

Ayer, la Nasa presentó nuevas pruebas de la existencia de agua líquida en Marte. A los futuros marcianos aún les queda mucho hasta llegar a nuestra morcilla, con o sin arroz. Que no se desanimen. A esto de evolucionar hay que echarle paciencia. ¿Y les queda mucho para llegar al pimiento?, preguntará mi amigo de Fresno de la Vega. Uff. Para llegar a tal manjar son necesarias, qué menos, dos evoluciones y media.

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