Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

Creado:

Actualizado:

EEl Rey está en Babia». Cuentan que en la Edad Media los reyes de León elegían este lugar para su reposo, lo que les permitía alejarse durante algún tiempo de las tareas cotidianas de la Corte. Si alguien preguntaba allí por ellos, esa era la respuesta, respuesta que, al parecer, originó la expresión «estar en Babia», que hoy define a cualquier persona distraída o ausente. En aquellos tiempos medievales de nuestro reino, sin embargo, el significado era bien distinto. Los monarcas leoneses, que de tontos no tenían un pelo, al menos en este sentido, sabían elegir muy bien dónde descansar y disfrutar los dones de la naturaleza. Babia era, y sigue siendo, un verdadero paraíso. Para los sentidos y sus gozos.

La casuística de anécdotas de nuestros mandatarios en este sentido no tendría fin. Es verdad que hoy, dada la facilidad de movimientos de nuestro mundo globalizado, el asunto tenga seguramente menos interés, entre otras razones por la generalización del viaje y el hecho vacacional. Por el paralelismo babiano y leonés, recupero un personaje curioso de principios del pasado siglo y finales del anterior y un punto preferido para su descanso, la hermosa localidad gordonesa de Cabornera. Hasta el punto de que preguntando por el alcalde de la ciudad de León en las dependencias municipales correspondientes, era frecuente esta respuesta: «El alcalde está en Cabornera». Que no era tonto tampoco se deduce por la elección. Tomás Mallo López, catedrático de Matemáticas del instituto —suyas son las publicaciones Lecciones de matemáticas elementales o Nociones de aritmética—, fue, con tendencia liberal merinista, diputado provincial y alcalde de León (1906-1909). Al margen de su actividad profesional y política, fue «el más entusiasta y enamorado de Cabornera y sus fuentes», tal como relata este periódico el 26 de agosto de 1907. Precisamente ese mismo año se hizo en el manantial una importante reforma merced «a la generosidad del dignísimo alcalde» de León. De la generosidad queda testimonio en un cartel: «La humanidad doliente a D. Tomás Mallo López». Del entusiasmo solo haría falta leer Romance sesuso e respetuoso que eleva al señor de Cabornera un pechero humilde e agradescido que firma Un Bachiller de Renueva y publicado en este mismo periódico y año el 27 de septiembre.

La Fuente del Fraile, que así se llama el manantial de aguas medicinales, está, según las clásicas descripciones, «a las afueras de Cabornera por donde discurre el arroyo Pedroso». Tomás Mallo, al que se llegó a conocer como El Señor de Cabornera, fue uno de los grandes promotores de la bondad de sus aguas, de la belleza del paisaje y de la pureza del aire y la alimentación de este hermoso enclave, lo que proporcionó una actividad notable entre sus gentes y poblaciones limítrofes hasta la desgraciada paralización de la guerra. Hay muchas historias curiosas para contar.

tracking