Diario de León
Publicado por
Manuel Alcántara
León

Creado:

Actualizado:

A lgunos parlamentarios, que no han renunciado a su sueldo, han renunciado a parlamentar. Creen que hablando es la mejor manera de que no se entienda la gente, sobre todo si hablan todos a la vez, cada uno en su interesado dialecto político. Tanto Hollande como Merkel, que vienen a ser como Isabel y Fernando fueron en otras épocas, recelan de que el nacionalismo, que sigue siendo una manía de primates, acabe con Europa, que seguirá siendo inconclusa mientras no nos entre en la cabeza lo que se resiste a entrarnos en el corazón: que ser contemporáneos es una nacionalidad y coincidir en el tiempo y en el espacio no deja de ser una casualidad. Nuestro rey Felipe VI, que está haciendo un curso acelerado para aprender su duro oficio, que no sólo es el más duro sino el menos elegido de todos, ha proclamado en Estrasburgo la hipotética unidad de España, «única y diversa». Algunos no podemos creer que en ella sigan vigentes dos actitudes nacionales: apedrear a los de la comarca más cercana y defenderse de las pedradas de los que viven más cerca. Cualquier cateto, entre los que orgullosamente me encuentro, tiene la misma preocupación que Hollande y Merkel: que el nacionalismo acabe con Europa, incluidos los que no han entendido lo que es ser europeos.

Hubo plantones y banderas cuando hablaba el Rey, pero lo peor fue la actitud de los voluntariamente sordos que no quisieron oirle y dejaron los escaños vacíos. Los mayores enemigos de Babel siguen siendo los sordomudos. Sabque no siempre se entiende la gente hablando, pero que es más difícil entenderse sustituyendo a las palabras por banderas. Aguantó el tirón nuestro joven Rey, que corre el riesgo de caernos cada vez más simpático. No se puede recibir a nadie así, ni en tu casa ni en Estrasburgo. Los parlamentarios están tan mal educados que no sólo se niegan a parlamentar, sino a oír. Sólo los bostezos amenizan los discursos.

tracking