LA VELETA
Mas, la CUP y las clases
E mpezamos a asistir a un enfrentamiento entre los que han querido mostrarse como una misma cosa, cuando son tan distintos Un aire cansino recorre Cataluña y el resto de España: la posibilidad de que se tengan que hacer nuevas elecciones autonómicas de no llegarse a un acuerdo entre los antisistema de la CUP y los sistémicos de la lista del sí no encabezada por Mas.
La CUP rechaza el capitalismo, el euro, la Unión Europea y es posible que esté a punto de pedir la derogación de la ley de la gravedad. Mas pertenece a la élite de la burguesía catalana, es el primero de la lista en recortar lo público y hasta ahora no se le conocía una foto con los de abajo. Mas y David Fernández se dieron un abrazo de una intensidad y duración como solo se pueden dar personas que se quieren mucho y llevan mucho tiempo sin verse.
Ahora la CUP de Fernández pide a la lista en la que Mas sigue cuarto que empiece la desconexión con España si quiere que le apoyen. Esto tampoco está claro, porque la CUP ha puesto en marcha un concepto inédito en la cultura política de Europa Occidental: el Gobierno «coral», la presidencia rotatoria, la «irrelevancia» de quién sea el presidente.
Como Mas ya no tiene partido, sino lista agitada, la negociación será aún más larga. ¿Quién decide en qué se concreta esa eventual desconexión con España? ¿Romeva, Junqueras, Mas son la presidencia coral? Alguno de los servicios auxiliares independentistas ya les han dicho a los de la CUP que apoyen a Mas y callen, que de lo contrario habrá nuevas elecciones y ellos saldrían perjudicados. La CUP reclama soberanía «ilimitada y absoluta» para mañana por la mañana, antes incluso de construir el Gobierno coral.
No parece fácil poner a limpio todo esto, no solo por falta de precedentes, también por esa heterogeneidad y las diferencias de clase entre los que piden la nacionalización de la banca y los que vienen del saqueo del dinero público; entre los que piden, ¡ya!, una república catalana y un plan de choque contra la pobreza, y el liberal en lo económico que ha cercenado hospitales y profesores públicos en Cataluña.
Se pone de manifiesto que ese despliegue propagandístico por meter en un mismo saco independentista ingredientes tan distintos, fracasa cuando se trata de poner en práctica. El AVE paralizado por un presunto sabotaje, ¿es una metáfora de la desconexión? En este proceso de división de los catalanes, al que Mas se ha entregado con ahínco desde hace tres elecciones autonómicas, empezamos a asistir a un enfrentamiento entre los que han querido mostrarse como una misma cosa, cuando son tan distintos.
Seguiremos en la fatiga en las próximas semanas, veremos si se llega a formar Gobierno y quién, o quiénes, lo presidirán y no hay que descartar que en un trimestre haya nuevas elecciones autonómicas, serían las cuartas en 5 años.