LA TRÉBEDE
Dos estaciones
E sta vez sí ha habido consenso. Todos los leoneses han dado la bienvenida al AVE (Alta Velocidad Española) cuando entraba en su estación provisional a las 11.57 horas del martes 29 de septiembre de 2015. Han pasado 152 años desde la llegada del primer tren, echando humo, a la estación, ahora abandonada, de León. Entonces eran las 15 horas del 8 de noviembre de 1863. En aquellas fechas había mucho miedo y contestación ante los avances y el progreso que acarreaba el tren. Cuentan que el obispo de León, Calixto Castrillo, no acudió a la inauguración y bendición de la estación, el día siguiente, por estar en contra de la llegada del ferrocarril.
Una vez más se cumple el dicho de que «la Administración es lenta pero segura». Llega el deseado AVE a León con ocho años de retraso (José María Aznar había prometido su inauguración en el año 2007) y sus vagones vienen cargados de esperanza e ilusión para los leoneses.
El AVE hace el trayecto Madrid-León o León-Madrid ahora en dos horas —una hora y 45 minutos el próximo año—, solo el doble de lo que tarda un madrileño desde la sierra hasta el centro de la ciudad, si no hay atasco. Aunque los beneficios son en ambas direcciones quien será más favorecida es la provincia de León, por las posibilidades que tiene de expansión industrial, de creación de nuevas empresas, de ampliación de las existentes, de ampliar la actividad comercial y de impulsar una atractiva oferta turística para los fines de semana aprovechando el inmenso patrimonio cultural, artístico, de naturaleza y gastronómico.
Pero también son exasperantes la lentitud en el Palacio de Congresos, la autovía a Valladolid o la reforma del Teatro Emperador. Solo cuando se inauguren estas obras León ofrecerá una de las mejores ofertas para congresos, reuniones, convenciones o eventos culturales.
Es el momento del tren, aunque esa alegría se torna en desilusión o más bien cabreo cuando mis pasos me llevan al norte de la ciudad, a la estación de la línea León-Bilbao. La vía sigue sin llegar a la Estación de Matallana. Los viajeros son transportados en autobuses hasta la salida de la ciudad y cada vez son menos precisamente por ese maltrato que reciben. En 2008 se transportaron 342.000 personas y en 2014 ya sólo fueron 200.000. Si en el AVE se han invertido 1.620 millones de euros, ¿no se ha podido destinar una migaja para esta vía?
Por la disposición y dejadez por parte de Renfe da la impresión de que quieren dar de baja esta vía. Faltan maquinistas al no sustituir a los que se jubilan, no se reparan los trenes y los que se habían comprado para el tren-tran se han vendido. En definitiva las obras de integración siguen paralizadas. Los viajeros y los campos que recorre la vía estrecha León-Bilbao, como los del AVE, tienen el mismo derecho a la movilidad de las personas, cohesión territorial, desarrollo económico y progreso.
Llega el AVE a una estación fondo de saco, pendiente de integración, mientras que hay otra estación a la que no llega el tren. No lo entiendo.